martes, 20 de septiembre de 2011

(3º bis entrega)

DEL ALMA
(del latín anima, de la misma raíz que el griego ánemos, viento) Por alma, y con el mismo significado que spiritus (en griego RLP², psikhé, soplo, aliento, vida), se entiende por lo común el principio vital del cuerpo, o el principio inmaterial que se considera origen de la vida material, de la sensibilidad y del psiquismo del hombre. A veces se da este nombre a la mente humana, o también se la llama espíritu.
El concepto de alma surge a partir de la pregunta que el hombre se ha hecho sobre sí mismo, sobre el núcleo íntimo de su naturaleza, y es un concepto que se vincula simultáneamente a dos cuestiones distintas: por una parte, la naturaleza de la vida, caracterizada por el automovimiento y la reproducción y, por otra, la naturaleza de los actos intelectivos. Desde la primera perspectiva el alma se concibe principalmente como principio vital (los seres vivos están animados y para muchos el alma sobrevive al cuerpo); desde la segunda perspectiva, que puede compatibilizarse con la anterior -no sin ciertas dificultades-, el alma es el principio de la racionalidad, el principio explicativo del pensamiento, la sensibilidad, los afectos y la voluntad. A su vez, si se parte de la concepción del alma entendida como principio vital, debería poderse hablar de un alma de los seres vivos no racionales, incluidas las plantas. Es la cuestión suscitada bajo el problema del alma de los brutos o alma de los animales. Si, en cambio, se parte de la concepción del alma entendida como principio de racionalidad, se manifiesta en toda su claridad el grave problema de las relaciones entre el alma y el cuerpo, o problema de la relación mente-cuerpo.1
De la pregunta acerca del padecimiento que aqueja a un individuo como manifestación clínica – sintomática- se “concluyó” con más preguntas que apuntan hacia la queja por la existencia. El motivo sigue en incógnita, y aun y cuándo no se ha logrado despejar esa X, se ha construido alrededor de ella.
Freud realiza un giro en la clínica al pasar de la mirada a la escucha, lo cual implica un giro epistémico. El inconsciente es quien habla.
“El saber analítico se concibe como una especie de intervalo imaginario que explora un espacio transitorio. Su validez y su especificad quedan tanto mejor aseguradas cuanto se piensa como ese intervalo. Ese es el meollo de la identidad paradójica del freudismo…El psicoanálisis nació como un benjamín, a la sombra de sus hermanas mayores: anatomía, fisiología, física y química. En el espíritu de Freud, nunca hubo la intención de crear de cabo a cabo su material terminológico y conceptual.”2
La pregunta sobre la prehistoria, sobre el origen acaba por difuminarse en la oscuridad del tiempo transcurrido, y queda la mitología, como marca inicial –como el ombligo- De la misma manera, Freud construye todo un edificio teórico sobre una interrogante que le da forma y acaba por denominarla metapsicología.
El uso que hace Freud de los mitos es paradigmático en tanto considera, por un lado, que cada individuo se da a la tarea de crear su propio mito, trabajo promovido por la clínica del psicoanálisis, de tal manera que este le proporcione cierta claridad respecto al lugar en el que se encuentra colocado y la posibilidad de dirigir su existencia, tal y como el mito en su sentido cultural opera.
De la misma manera, el psicoanálisis –como constructo teórico-clínico - se supedita a estas leyes de lo mítico, al considerar necesario trabajar con conceptos oscuros e intangibles que se derriten a las construcciones científicas y que no obstante es la fuente de la persistencia y subsistencia del ser humano.
Es en más de un sentido, que el psicoanálisis da cuenta –en términos más bien limitados, es cierto, pero no así en menor importancia- del sujeto como enigma de la creación.
Freud se da a la tarea de hablar del alma, pero no conforme con hablar de ella, busca la manera de hacer que esta hable, ¿no es acaso el alma el concepto más mítico del que hace referencia el hombre?, y es para esa psikhe que plantea un método de análisis que logre develarla, el psicoanálisis
En espera de que sucumba, previendo su muerte, aunque trabajando con las hipótesis planteadas para refutarlas y al final topándose con el mismo vacío del enigma del aparato psíquico, la ciencia por la que Freud esperaba diera lugar a las respuestas que planteaba sus incógnitas no ha llegado. Mientras tanto, el hombre sigue soñando, inquietándose, creando y manifestando su espíritu.
El texto que le dedica Freud a la investigación onírica da cuenta de la inquietud que le mueve a indagar acerca de lo que el considera se encuentra más cerca de eso denominado en primera instancia como alma, luego conformado como un aparato, el psíquico. En este trabajo, emprende un interesante diálogo con los autores que habían hasta la fecha desarrollado teorías sobre el fenómeno de los sueños, con la vía clara de encontrar en ellos el camino que le permitiese explorar en estos para darle forma a las teorías acerca del funcionamiento psíquico;

“En las páginas que siguen demostraré que existe una técnica psicológica que permite interpretar sueños, y que, si se aplica este procedimiento, todo sueño aparece como un producto psíquico provisto de sentido al que cabe asignar un puesto determinado dentro del ajetreo anímico de la vigilia. Intentaré, además, aclarar los procesos que dan al sueño el carácter de algo ajeno e irreconocible, y desde ellos me remontaré a la naturaleza de las fuerzas psíquicas de cuya acción conjugada o contraria nace el sueño…allí el problema del sueño desemboca en cuestiones más amplias, cuya solución debe acometerse en otro material.”3
Más adelante haciendo referencia a Strümpell menciona
“Los elementos del sueño no son meras representaciones, sino vivencias del alma verídicas y reales, tal como se presentan en la vigilia por mediación de los sentidos. Mientras que el alma vigilante piensa y representa por imágenes de palabra y por el lenguaje, en el sueño ella piensa y representa por imágenes de sensación reales. Y en el sueño viene a agregarse a esto una conciencia espacial, en la medida en que, como en la vigilia, sensaciones e imágenes son trasladadas a un espacio exterior4

Es relevante sin duda el capítulo siete de la interpretación de los sueños, en tanto es donde plantea el nódulo de donde habrá de situar la investigación y si bien en el “Proyecto de psicología” (1895), ya había realizado un bosquejo sobre el panorama y las posibilidades conceptuales –cabe recordar que la publicación de este texto fue póstuma- dicho capítulo es rico en contenido y en la forma que va prefigurando para el desenvolvimiento teórico.
Al hablar de la posibilidad de la interpretación se acerca cuidadosamente a aquello que no es plausible de ser interpretado, lo que se resiste a la conciencia, lo que se pierde en el relato y da cuenta de lo que subyace en la psique, o sea, no se olvida, se resiste –más adelante, dirá que se reprime-
“que los sueños se olvidan tan poco como otros actos anímicos y que aún respecto de su persistencia en la memoria son comparables sin mengua a las otras aspiraciones del alma, es lo que me muestra una experiencia que pude hacer a raíz de este manuscrito5
Pareciese que de forma cautelosa va planteando en ciernes los conceptos metapsicológicos desde un lugar paradigmático como es el desciframiento de los sueños, que le acerca al objeto de estudio: el alma, al plantear desde ahí la necesidad de una tópica
“queremos dejar por completo de lado que el aparato anímico de que aquí se trata nos es conocido también como preparado anatómico, y pondremos el mayor cuidado de no caer en la tentación de determinar es localidad psíquica como si fuera anatómica. Nos mantenemos en el terreno psicológico y sólo proponemos seguir esta sugerencia: imaginarnos el instrumento de que se valen las operaciones del alma como si fuera un microscopio compuesto.”6;
la dinámica,
“Como todas las otras formaciones de pensamiento, esta excitación onírica exteriorizará el afán de proseguirse dentro del Prcc. y alcanzar desde ahí el acceso a la conciencia. La experiencia nos enseña que durante el día la censura de la resistencia les ataja a los pensamientos oníricos este camino que lleva a la conciencia pasando por el preconsciente. En la noche se abren el acceso a la conciencia, pero debemos averiguar por qué camino y merced a qué alteración.”7
y la económica,
“esta regresión es entonces, con seguridad, una de las peculiaridades psicológicas del proceso onírico; pero no tenemos derecho a olvidar que no es propia exclusivamente de los sueños. También el recordar deliberado y otros procesos parciales de nuestro pensamiento normal corresponden a una marcha hacia atrás dentro del aparato psíquico desde algún acto complejo de representación hasta el material en bruto de las huellas mnémicas que está en su base.”8
-Cabe acotar que la regresión que el preforma es libidinal, energética-.
De esta forma quedan señaladas las coordenadas y más adelante, en el mismo texto aborda directamente la cuestión del deseo y su cumplimiento, apareciendo el sustento y sustrato de este, la cuestión pulsional
“Paréceme más bien, que a medida que vamos dominando nuestra vida pulsional mediante la actividad el pensamiento renunciamos cada vez más, por inútil, a la formación o conservación de deseos tan intensos como los que el niño conoce…El sueño no se engendraría si el deseo preconsciente no supiese ganarse un refuerzo de otra parte…me imagino las cosas así: el deseo consiente sólo deviene excitador de un sueño si logra despertar otro deseo paralelo, inconsciente, mediante el cual se refuerza. A estos deseos inconscientes los considero, de acuerdo con las indicaciones que he recogido en el psicoanálisis de las neurosis, como siempre alertas, dispuestos en todo momento a procurarse expresión cuando se les ofrece oportunidad de aliarse con una moción de lo consciente y de transferir su mayor intensidad a la menor intensidad de esta…Estos deseos siempre alertas, por así decir inmortales, de nuestro inconsciente.”9
Freud ha buscado la manera de dar cuenta de los movimientos que ocurren en la vida anímica del sujeto, desde el alma de este, pero no ya como un objeto mágico, o esotérico, sino afianzado en las esperanzas de ligarlo a la ciencia.
Escribe Green
“no se podría imitar aquello que se reprueba. Para muchos psicoanalistas, la disciplina que practican no pertenece a la ciencia. Sin embargo, el respeto que ella inspira – aun si en el capítulo de la exploración del psiquismo hay mucho que decir sobre la denominación de ciencia- obliga a comentar sus procedimientos, sus resultados y sus conclusiones. Si bien, a diferencia de Freud, ya no estamos tan seguros de que el psicoanálisis pertenezca a la ciencia, ello se debe, como traté de demostrar, no a que se sitúe “por encima” de ella, sino a que sería deseable que la ciencia revisara sus fundamentos epistemológicos acerca del psiquismo, inadecuados, en buena medida, para estudiarlo en su especificidad.”10
Los confines entre el psicoanálisis y el esoterismo quedan marcados aunque hasta la fecha se intente utilizar dicha analogía como argumento para desistir del psicoanálisis, como si explorar en el inconsciente fuese tarea sobrenatural o sobredimensional. No es esoterismo; si bien se trata de cuestiones que escapan al conocimiento consciente, es algo que se encuentra en el ser mismo, pero de lo cual se ignora en el mismo nivel consciente lo que le hace aparecer como si se tratase de algo del orden de la adivinación; no es esoterismo, sino darle lugar al funcionamiento psíquico.
“Sin duda, estos pensamientos oníricos no son en sí insusceptibles de conciencia; si durante el día no nos devinieron conscientes ello puede deberse a diversas razones. El devenir consciente se entrama de manera íntima con la aplicación de una cierta función psíquica, la atención que, al parecer, sólo es gastada en determinada cantidad; entonces, otras metas, quizás la desviaron de la ilación de pensamiento en cuestión…Ahora bien, parece que la ilación de pensamiento iniciada y abandonada puede seguir devanándose sin que la atención se aplique de nuevo a ella, a menos que en cierto lugar alcance una intensidad particularmente elevada que se imponga a la atención.”11
Así, aún y cuando al hablar de ciertas categorías fundamentales para el psicoanálisis pueden dar la impresión de conceptos del orden de la adivinación y esto cause rechazo en el mundo científico, hay un método que no puede ser negado ni relegado, sembrado por el pensamiento freudiano y que ha dado lugar a un nuevo panorama acerca de la conceptualización de sujeto, en tanto y como mínimo ejemplo, dicho sistema de pensamiento ha pervivido a cien años de su planteamiento y ha sido objeto de estudio, análisis y reflexión; en el mismo sentido la teoría freudiana ha sido considerada como punto de quiebre para la concepción y comprensión del ser humano, una más que se suma a la gran variedad con la que se cuenta para tal efecto.
Es así que el psicoanálisis en su construcción misma produce el efecto mítico que permite al sujeto que se siente atraído hacia este sistema de pensamiento, en tanto marca de inicio ante la incertidumbre de la prehistoria; del mismo modo el inicio del movimiento se va diluyendo entre la psíquico y somático de sus inicios – del síntoma como un lugar físico- hasta la marca de lo inefable del aparato psíquico y sus construcciones.

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