martes, 17 de mayo de 2011

tesina de maestria, por entregas. Introducción y primera parte.

CENTRO DE INVESTIGACION Y ESTUDIOS PSICOANALITICOS
“MITO Y METAPSICOLOGIA” TESINA QUE PARA OBTENER EL GRADO DE MAESTRIA EN TEORIA PSICOANALITICA PRESENTA JIYU EMICKO BOLAÑOS PATIÑO MÉXICO, D.F. DICIEMBRE 2008

“La intensidad de una pasión se mide
por la soledad que la precede”
Diablo guardián
Xavier Velasco

INTRODUCCION

El presente trabajo surgió de la idea central de la necesaria conformación del sujeto mediante los mitos, algunos propios, otros compartidos que proporcionan por un lado el lugar en el que el sujeto se desenvuelve y por otro la posición ideológica; dicha conformación responde a la necesidad de colocar una marca de inicio ante los embates de la majestuosidad del mundo circundante y la consiguiente aparición de las preguntas sobre este, ya que responderse que detrás de todo ese armado existe un vacío resulta mortificante y desconsolador.
De la misma forma en que el hombre de la prehistoria se hizo de una historia previa para explicarse el día y la noche y el resto de los fenómenos naturales, y darle un sentido a su presencia sobre el mundo, el sujeto actual requiere de una historia que le anteceda, para conseguir dar los pasos necesarios hacia adelante, sabiendo que lo que le espera es la muerte, la no existencia, pero ante la cual, incluso puede organizar un mito de “sobrevivencia” que le permita persistir en intento de continuar estando, aunque no lo esté.
La construcción de los mitos, responde directamente a la necesidad del pensamiento para explicar aquellas cuestiones que son de difícil discernimiento, proporcionándole cierta tranquilidad, al reconocer una marca de donde partir.
No obstante que los mitos contienen ideas, personajes y circunstancias ajenas, por el tiempo transcurrido, pero que en definitiva confirman al ser humano en su actualidad, aunque al detenerse a considerar y excavar en cada uno de ellos con lo que se topa es con el vacío, con un gran agujero por donde pudiesen escapar las respuestas construidas.
Por consenso, se ha concluido que el hombre alcanza dicho estatuto como consecuencia del lenguaje, lo que le permite ordenar y civilizar; el lenguaje como frontera frente a la animalidad, y el mismo lenguaje como defensa ante el vacío de las no-respuestas.
Desde este lenguaje, se ha accedido la construcción del psicoanálisis, como clínica y como teoría la cual ha hecho del lenguaje fuente y herramienta para el estudio del sujeto (sujetado a un sistema de creencias, cultura y mitos); es por tanto que seguramente el psicoanálisis difícilmente pudiera escapar a las referencias del mito.
Tal es la empresa de este trabajo; en primer lugar, realizar una reflexión en torno al mito desde la antropología y desde la relevancia de este en cuanto a la función social que implica, con la idea latente de comparar la edificación y desarrollo de la teoría psicoanalítica frente a los planteamientos para el estudio de los mitos. Llegando al centro del armado, que lo constituye la metapsicología, columna vertebral de la teoría desarrollada por Freud para discernir acerca de los procesos psíquicos. Vale la pena recordar el interés de éste por la arqueología, así como su gusto por la lectura, al considerar que se trata de un cuerpo teórico que necesariamente lleva su sello; frente a un problema (síntoma) que remitía a la neurología, se empeño en excavar en las profundidades de la psique, para desenterrar los vestigios de la historia que le antecede a ese síntoma; no conforme siempre buscó la manera de poder llegar más profundo, hasta la unidad mínima de dichas huellas, y desde ahí, con otra óptica poder analizar el espíritu humano. Esta búsqueda dio paso a la construcción de la metapsicología –psicología de las profundidades- encontrando en la pulsión la huella, la marca inicial.
Considerado de esta manera, Freud encontró el aspecto mítico del sujeto, aquello que pudiese ser considerado la esencia, y que por lo mismo es intangible y de difícil conceptualización; aunque interesantemente, es donde sitúa también, la esencia del psicoanálisis.
La correspondencia entre el mito y el psicoanálisis se sitúa desde el mismo objeto de estudio; Freud utilizando como parangón los mitos clásicos, propone que el sujeto en análisis debe hacerse de su propio mito; y al mismo tiempo el psicoanálisis como constructo teórico se va haciendo del suyo: la metapsicología.


EL MITO
“En el principio creó dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”

mythos: expresión, mensaje, algo que se narra) Narraciones extraordinarias de hechos extraordinarios, generalmente referentes a los orígenes, lo que, en la mentalidad primitiva, también significa justificación. En los mitos se recrean, a través de fábulas o ficciones alegóricas, los hechos primordiales que, supuestamente, dan explicación y fundamento tanto a las normas sociales como a las creencias, costumbres, etc. mediante la exposición de la genealogía de dichas normas y funciones, o del origen o génesis del mundo y del hombre. Generalmente van asociados a la actividad de seres sobrenaturales o de poderes excepcionales, y permiten la justificación de valores, instituciones y creencias, que las sociedades construyen mediante representaciones simbólicas que generalmente expresan las características propias de la sociedad que los engendra .
Ante la necesidad de explicar el origen, de apalabrar un principio creador del mundo circundante aparecen los mitos. Sistema que domina sus propias características y lógica.
Se presenta como una constante en el desarrollo humano la necesidad y la tendencia a explicarse el mundo que le rodea y conocer todo eso que le antecede, con la certeza de que dichos datos, explicaciones y conclusiones le permitirán organizar ese mismo mundo circundante, y a la par ordenarse dentro de esa lógica; así pues no solo tiene que ver con las cuestiones externas y los fenómenos de la naturaleza, en ese mismo orden de las cosas el hombre ha logrado insertarse dentro de esa cadena mediante el mito, a fin de explicarse su lugar en la tierra, su función y por supuesto, su destino. El mito entraña la posibilidad de conocer ese mundo desde el comienzo aún y cuando el hombre no pudiese estar ahí para ser testigo y responder a preguntas que le implican.
El mito cumple la función de explicar un principio, un indicador desde donde partir para la configuración y el entendimiento del presente, amén de calmar la ansiedad por la majestuosidad del mundo circundante. Lévi-Strauss dice,
“Así está ambición totalitaria de la mente salvaje es bastante diferente de los procedimientos del pensamiento científico. Y la gran diferencia, en verdad, reside en que esta ambición no alcanza el éxito…en tanto el mito fracasa en su objetivo de proporcionar al hombre un mayor poder material sobre el medio. A pesar de todo le brinda la ilusión, extremadamente importante, de que él puede entender el universo y de que, de hecho, el entiende el universo. Empero, como es evidente, apenas se trata de una ilusión”
De esta el mito reforma el caos, y al mismo tiempo inserta al hombre en ese orden haciendo un llamado a preservarlo y proporcionándole la identidad y pertenencia que precisa para existir, apuntalando la sobrevivencia del individuo y la supervivencia del grupo humano, en tanto considera que romper el orden del universo acarrea consecuencias fatales.
Además de explicitar aquellas preguntas sobre el origen, marcan pautas, hacen ritos, aglutinan una cultura, forman una ideología y una identidad. He ahí un punto importante de la función de los mitos. Responden a la cosmovisión propia de cada una de ellas e intrínsecamente implican la pregunta ontológica; implican a su vez la relación que se establece entre los hombres y las deidades, entre la vida, la muerte y el destino, eventos o fenómenos que escapan a la inteligibilidad y que como consecuencia despiertan preguntas y angustia. Ante el vacío de respuestas aparecen las explicaciones míticas, con la relación ambigua que implican:
“las historias de carácter mitológico son, o lo parecen, arbitrarias, sin significado, absurdas, pero a pesar de todo, diríase que reaparecen un poco en todas partes…si este hecho representa una necesidad básica de orden en la esfera de la mente humana, y como la mente humana, finalmente no pasa de ser una parte del universo, entonces quizás la necesidad exista porque en el universo hay algún tipo de orden, el universo no es un caos.”


Para Mircea Eliade,
“El mito, cualquiera que sea su naturaleza, es siempre un precedente y un ejemplo, no solo de la relación con las acciones (“sagradas” o “profanas”) del hombre, sino también con relación a su propia condición; más aún: un precedente para los modos de lo real en general”
El mito se inscribe en una sistematización, en una línea de pensamiento, que si bien se empeña en ser vista como primitiva o salvaje, responde más bien a un modo de percibir el mundo diametralmente opuesto a la llamada modernidad.
“La manera de pensar de los pueblos que normalmente, y erróneamente, llamamos “primitivos” –sería más correcto llamarlos “pueblos ágrafos” – ha sido interpretada de dos modos diferentes…En lugar de subrayar que es un tipo de pensamiento inferior, como lo hace la primera interpretación, la otra manera de encarar el pensamiento primitivo” afirma que es un tipo de pensamiento fundamentalmente diferente del nuestro… Decir que un pensamiento es desinteresado, o sea, que se trata de un modo intelectual de pensar, no significa asimilarlo al pensamiento científico”
Al respecto Kirk menciona,
“No existe una sola definición de mito, una forma platónica de mito a la cual deba amoldarse cualquiera de los casos que se puedan presentar. Los mitos, como veremos difieren enormemente en su morfología y en su función social y se observan indicios de que una verdad tan obvia está empezando a ser ampliamente aceptada.”
El mito se diferencia de los cuentos, las narraciones e incluso de la historia, aun y cuando el efecto que produce pueda ser el mismo puesto que es producción humana y por ende del lenguaje; en tanto se trata de un “fenómeno de la cultura” se ha convertido a la vez en objeto de estudio y de debate entre las diferentes posiciones y pensamientos teóricos (antropología, lingüística, sociología, psicoanálisis etc.) – existiendo por ejemplo una escuela de la Mitología Natural, o la Sociedad para el Estudio comparado del Mito -
Desde el estudio que realizó Eliade, consideró que los mitos se van degradando, no obstante el arquetipo, el símbolo persiste, transmutando en novela, anécdota:
“ El mito puede degradarse en leyenda épica, en balada o en novela, o también sobrevivir bajo la forma disminuida de ”supersticiones”, de costumbres, de nostalgias, etc.; no por ello pierde su estructura ni su alcance…El arquetipo sigue siendo creador, incluso cuando se ha “degradado” a niveles cada vez más bajos. Sea por ejemplo el mito de las islas afortunadas o del paraíso terrestre, que no ha obsesionado únicamente la imaginación de los profanos sino también a la ciencia náutica hasta la gloriosa época de los grandes descubrimientos marítimos.”
Por otro lado, para Roland Barthes el análisis del mito es a través de la lupa de la semiología, como él escribe, el mito en la actualidad “es un habla…el mito constituye un sistema de comunicación, un mensaje. Esto indica que el mito no podría ser un objeto, un concepto o una idea; se trata de un modo de significación, de una forma…si el mito es un habla, todo lo que justifique un discurso puede ser un mito… El mito no puede definirse ni por su objeto ni por su materia, puesto que cualquier materia puede ser dotada arbitrariamente de significación” si bien Barthes realiza un estudio detallado del fenómeno desde una postura estructuralista Tappan opina que más bien el análisis que realizó se encuentra en referencia “símbolos culturales” desde un análisis del signo lingüístico (significado-significante) alejado de la idea del mito como “ (intento de) dar cuenta de los fundamentos de las cosas, de los orígenes del mundo, de lo humano, de la cultura.”
En este mismo sentido May señala
“Un mito es una forma de dar sentido a un mundo que no lo tiene. Los mitos son patrones narrativos que dan significado a nuestra existencia… los mitos son nuestra forma de encontrar este sentido… Los mitos son la auto interpretación de nuestra identidad en relación con el mundo exterior. Son el relato que unifica nuestra sociedad. Son esenciales para el proceso de mantener vivas nuestras almas con el fin de que nos aporten nuevos significados en un mundo difícil y a veces sin sentido. Ciertos aspectos de la eternidad –tales como la belleza, el amor, las grandes ideas- aparecen repentina o gradualmente en el lenguaje del mito. ”
Así como el mito que cumple como elemento social cohesionante en tanto pueda erigirse casi como estructura ideológica del mismo grupo, opera sin duda a nivel del individuo, en su propia historia y en el sentido de esta.
Cabría detenerse alrededor del mito en nuestros días, y de la mitología de la cual el sujeto es cautivo.
Hay algo en el mito que intriga y fascina, esto se deba quizás al encuentro con las preguntas planteadas en el ser desde todos los tiempos; las cuales por sus características acaban desdibujándose y confundiéndose entre el principio y un jamás. Por tanto, además de lo que se ha mencionado hasta aquí, el mito representa la esperanza del devenir, tal y como lo explicita May:
“En primer lugar, el mito traslada a la conciencia los anhelos, deseos, temores y demás contenidos psíquicos reprimidos, inconscientes y arcaicos. Tal es la función regresiva del mito. Pero también revela nuevas metas, nuevas intuiciones y posibilidades éticas. Los mitos son el alba de un mayor significado no presente con anterioridad…los mitos son medios de descubrimiento. Son una revelación estructural progresiva en nuestra relación con la naturaleza y con nuestra propia existencia…los mitos ayudan a aceptar nuestro pasado y nos abren al futuro”
En contraposición, la ausencia de mitos del sujeto provoca confusión y caos; alejándose del efecto de enlace que provoca, el sujeto se individualiza, se atomiza y corre el riesgo de perderse y aniquilarse. Tal es, parece el signo de hoy día.
El mito siempre incorporará elementos comunes a los seres humanos, avatares, decepciones y preguntas fundamentales –por el hecho de ser fundante - Freud encontró en el planteamiento del mito la representatividad de lo que habrá desarrollado como teoría psicoanalítica; colocó a los mitos como ejemplificación y metáfora de la generalidad humana, aprovechándose de la multivocidad de dicha estructura y al mismo tiempo de su carácter axiomático al hacer referencia a Edipo, o a Narciso, destacando que dichas interrogantes han estado siempre en el alma humana, logrando algunas veces ser plasmada por mentes sensibles y brillantes a tales afectos – Shakespeare con Hamlet; Tolstoi con los Hermanos Karamazov o Dante y la Divina Comedia, en realidad los ejemplos sobran, y cada uno es muestra de las preguntas sobre el ser en el mundo- Al respecto abunda Tappan
“El propio Freud tenía claro que el mito griego explota una compulsión de cuya existencia todo el mundo reconoce haber sentido en sí mismo los indicios, es decir, los mitos para el fundador del psicoanálisis muestran los principios esenciales de la condición humana; son universales en cuanto tocan las partículas elementales de la constitución de la psique. Para el psicoanálisis se trata de realizar varias lecturas, cada una de ellas atraparía uno de los planos donde el mito se despliega, mediante una lectura estructural; esto es, atiende a lo esencial, en este caso a lo humano presente en los mitos: lo universal en el hombre.”
Con estos elementos, se puede ahora plantear la suposición de un tiempo mítico, que aconteció, para que el presente acontezca. Ese tiempo mítico que nada resuelve más que como marca de inicio y como regulador de la angustia humana. Así el hombre se arropa en los mitos –el de la familia, el de la religión o el de la ciencia- como elemento estructurante y pauta vital.
“Cuando hablamos de tiempo mítico nos referimos particularmente a una clase de fenómenos que tienen que ver con los orígenes, con los principios, no por fuerza alterables a una expresión cronológica, a fin de equipararse con alguna vivencia, aunque puede tener esa forma. En tanto puede se recuerde o no, puede tratarse de alguna ficción apreciada de diferentes maneras por el individuo o por una comunidad, pero que sirve a manera de explicación para dar cuenta de los orígenes… y el surgimiento del género humano.”
Así entonces, el estudio del mito se apareja con conceptos tales como la memoria y la comprensión, pisando terrenos que incluyen la intelección del mundo y la explicación que se le va buscando desde los diferentes ámbitos del desarrollo del pensamiento humano, ya no sólo desde una postura sensible y una lectura empírica.
La ciencia que surge como propuesta de los siglos XVII y XVIII busca ocupar, si no que usurpar, el lugar antes ostentado por el mito; ante la continua aparición de interrogantes, se ubica una sistematización de posibles soluciones, cuando el mito empezó a ser insuficiente ante las nuevas preguntas que lograba plantearse y ante la capacidad desarrollada por el pensamiento; la introspección y la observación combinada con las condiciones de reconocimiento y de orgullo por ser un científico, ya no un primitivo.
Lèvi-Strauss escribió:
“La ciencia necesitó erguirse y afirmarse contra las viejas generaciones del pensamiento místico y mítico; se pensó entonces que ella sólo podría existir si volvía la espalda al mundo de los sentidos”
Desde ahí pudiera pensarse el desdén que implica para la ciencia el mundo de los mitos, que le hace quedar por fuera de lo científicamente correcto, en tanto, se coloca un sistema experimental para acceder a la respuesta sobre el origen, así las teorías físicas, químicas, matemáticas buscan la respuestas del mundo y del ser humano, desechando mitos cosmogónicos o cosmológicos o en el mejor de los casos ubicándolos como mero folclor.
No obstante, también ha ocurrido que en los últimos años, se ha dado una nueva vuelta a esta visión cientificista, para reconducir la mirada no de nuevo a la postura inicial, sino más bien volviendo a lo que los “sentidos” –llámese alma, inconsciente o cualquier otro concepto aparejado- pueden engendrar para el pensamiento.
Además de que ha buscado erigirse en el lugar que el mito ocupó, como aglutinante social y como ideología, -y haciendo uso de la lógica propia de tal categoría- como una “nueva mitología”, abordando cuestiones primordiales e intangibles tal como la energía, los átomos y los quantums, tiempo, espacio y universo, por ejemplo. O bien, como en el caso del psicoanálisis, la energía psíquica, el aparato psíquico y el síntoma.

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