lunes, 18 de abril de 2011

Del psicoanálisis no correcto al analista incorregible. Alberto Sanen

La posición que puede sostenerse al trabajar dentro de una institución psiquiátrica solo puede ser de equilibrista, puede inclinarse a la profesionalización y al ajuste de su quehacer con su consiguiente desaparición dentro del espacio burocrático, que no hospitalario y por otra parte dejar de cumplir una cierta función por modismos y ética extrañas al proceso de la institución pública, abierta a todos.

Un tercer punto de desencuentro se suscita cuando los que comparten su senda desacreditan la posibilidad de establecer un espacio analítico dentro del psiquiátrico y con ello dejan en tela de juicio al psicoanalista como tal; el riesgo se amplia al considerar que se encuentra atenido a demandas institucionales, demandas y necesidades de pacientes, demandas de grupos psicoanalíticos externos y demandas de su propio deseo.

Para ejercer una respuesta rigurosa ante esto es Freud quien señala “En la pràctica es inobjetable que un terapeuta contamine un tramo de análisis con una porción de influjo sugestivo a fin de alcanzar resultados visibles en tiempo más breve, tal como es necesario, por ejemplo, en los asilos; pero corresponde exigirle que tenga bien en claro lo que emprende, y que sepa que su método no es el psicoanálisis correcto (1), de ello se desprende que deba de operar en los limites de la representación analítica. No se suscita la puesta en marcha de una psicoterapia institucional, o una psicoterapia breve o una aplicación psicoanalítica, es un psicoanálisis, un cierto tipo de practica analítica.

Varias cuestiones son argumentadas para eliminar, cualquier vestigio de la palabra y su escucha en la institución. Primeramente, basados en la lectura de Foucault puede y debe aceptarse la existencia del psiquiátrico como medio de control: retención y aglomeración de los locos (2). Pero nadie quería otro destino para ellos, es decir o el manicomio o fuera de lugar, de su lugar de origen cual se supone ya se encuentra, es decir, que habite y transite pero no en las casas, no en los consultorios, no en las calles, no en las familias etc., será por tanto en el manicomio donde el sujeto encuentre la posibilidad también de dejarse escuchar, primeramente una petición de cese del dolor; eso ya es una demanda, una demanda sostenida, además de una convocación al sujeto supuesto saber y al saber que se le atribuye a ciertos sujetos. En el psiquiátrico la vida a veces puede ser silencio.

Frente al dolor de ver lo que se estaba haciendo - el dolor de no hacer nada, el dolor de hacer como que se hace, el decir que se hace neutralmente-, se tiene que responder, si se quiere inicialmente no a una demanda de análisis pero si debemos responder a una demanda política, ya que la educación, la salud, la seguridad social “son problemas políticos que rebasan el ámbito de la escucha del deseo y todos ellos están jugados en la demanda al hospital y a los operantes” (3)

El analista debe enterarse de antemano al introducirse en este espacio de la instauración de un ejercicio de poder inconsciente por parte del Estado sobre la población general, pero no solo para imponer “las formas que se identifican dentro de su obediencia… sino también una fuerza que duplique las formas, de las más publicas a las más privadas, en el sentido deseado por él. Es decir, la institucionalización” (4) como único estado aceptable y que debiese ser aceptado por el sujeto (5). Ello no niega en lo absoluto el carácter de artificial del hospital y de lo que en el acontece, más si devela que dicho carácter recubre por completo el universo de lo “humano” y el enloquecer, el que el infante enloquezca, también forma parte de ese universo. Sin embargo para nosotros “el individuo enfermo, tal como Freud lo aborda, revela otra dimensión que la de los desordenes del Estado y la de los trastornos de la jerarquía. Freud se enfrenta con el individuo enfermo como tal, con el neurótico, con el psicótico, tiene que enfrentar directamente las potencias de la vida en la medida que estas desembocan en la muerte, tiene que enfrentar directamente las potencias que se desprenden del bien y del mal” (6)

En este escenario hospitalario,un sitio propicio para el despliegue discursivo a condición de escuchar, es un sitio que permite al analista “sentir el pulso de su época” (7)
Lo anterior permite entender, que el psicoanalista invitado desde su inicio al manicomio, ahora al psiquiátrico, no pueda dejar de inscribirse en un sitio como este, donde el tiempo lógico ha desplazado el tiempo cronológico, donde la brevedad, tan mal entendida, no es por supuesto un elemento de la superficialidad es en todo caso lo que acontece, es un instante del cual se desprenden efectos perdurables.

Con el riesgo que comporta para el analista encontrarse en los enclaves de la atención de salud mental y en las tuercas de la maquinaria hospitalaria, aun con ello o por ello, recordemos la condición subversiva de la práctica, cual cross-cap las enunciaciones del analista, pero sobretodo la toma de palabra del infante ponen en contacto lo interior y lo exterior a la institución misma, viabilizándose una praxis en el corazón del edificio de la locura, en donde el sujeto existe fuera de lo convencional y por tanto donde las aplicaciones de los dispositivos también son no convencionales (8)

Es este microcosmos hospitalario (9)-macrocosmos subjetivo- un lugar donde la palabra medicada no deja de ser palabra y por tanto “es el instrumento, y el acto su consecuencia” (10) revelando que por el discurso se sostiene el sujeto y el sujeto psicoanalista. Este sitio de transferencias cruzadas es un espacio propicio para reanudar los lazos e incluso construirlos, a condición de que quien habla sea escuchado y que aquel que le devuelve su saber no le imponga ningún otro, encontrando en la fragilidad y el rigor que la ética brinda, la posibilidad de jugar a la ética, cuestión que permite escapar de las encrucijadas de la institución. Así aun cuando Dolto que señale en el Congreso de Roma que tarde que temprano, el analista en una institución terminara siendo un personaje incómodo para esta y para él mismo, resultando por tanto que tenderá a hacer otra cosa, cualquiera, menos una práctica psicoanalítica, tenemos que disentir de ello ya que es precisamente esa incomodidad, la que no permite acomodarse, auto-disolucionarse y sostener a la par una reinvención constante de la praxis y de si.

Es decir, tendría que sostenerse coherente en cuanto a su papel de descentramiento del sujeto, poniendo en práctica esa “no adecuación”, asumiendo que se ha centrado y privilegiado solo algunas de las posibilidades del ser y en todo caso si bien no es cuestión de un furor curandis, si es una responsabilidad ética “mejorar la posición del sujeto” (11)

Captar a la institución en su plano imaginario y no entramparse en él, al final de cuentas el sujeto “es un creador de instituciones, es un sitio de emergencias, de cuestiones que emergen y urgen, ante ello el analista “responde a la emergencia sin dejar caer la causa” (12)

La manera de resistir a la institucionalización, la formalización y la profesionalización tiende a pasar por tanto por el abandono de la “neutralidad” y la inclusión en una nueva arista de marginalidad, tiende a pasar por la no aceptación de lo correcto que los diversos campos plantean, por su puesto estos campos incluyen algunas correcciones de forma y fondo que diversas escuelas analíticas;por ello, si bien se sostiene como perteneciente a un grupo de cierto proceder como indi-vi-dualidad se sostiene a solas y a secas, podemos concluir para mantener un psicoanálisis -no correcto- se requiere un analista incorregible.


Notas de pie
1. Freud, Consejos al medico sobre el tratamiento analítico, p.117
2. Existen otros tantos trabajos que versan tanto sobre el manicomio como del psiquiátrico con la peculiaridad de ser visto y escuchado desde el interior: la Tapia del manicomio, Manicomios y prisiones, Psiquiatría y relaciones sociales, El frenopatico una realidad no-velada, La institución negada, La construcción institucional de la locura, etc.
3. Sauval Michel El psicoanalista y la practica hospitalaria, seminario de Internet
4. Lourau, El Estado y el inconsciente, p. 29
5. Véase de Ikram Antaky El pueblo que no quería crecer, Océano.
6. Ello permite, aun cuando no se desee, asegurar como señala Lourau, la supervivencia de la institución y por tanto la supervivencia del Estado
7. Barros Marcelo, El psicoanálisis en el hospital, p. 24.
8. Este carácter no convencional, ficticio de la practica y la teoría es adelantado por Mannoni en su texto, La teoría como ficción
9. Espacio artificial que promueve la enfermedad hospitalaria, pero que no es más o menos artificial que cualquier gabinete, consultorio o dispensario, habría que pensar en cuales “enfermedades” promueven estos.
10. Fundin Mónica, Mitos y realidades del psiquiátrico
11. Lacan, la angustia.
12. Barros Marcelo, Psicoanálisis en el hospital, p. 44.


Bibliografía
Barros Marcelo, Psicoanálisis en el hospital, Grama, Argentina, 2009
Foucault, El nacimiento de la clínica, Siglo XXI, México, 2000
Freud, nuevas aportaciones a la practica analítica, Amorrortu, Argentina, 2002
Freud, Análisis de masas y psicología del yo, Amorrortu, Argentina, 2002
Fundin Mónica, Mitos y realidades del psiquiátrico, Seminario Internet, 2006
Galende, Psicoanálisis y salud mental, Paidos, Argentina, 1992
Lacan Jacques, La ética del psicoanálisis, Paidos, argentina, 1995
Lacan Jacques, La angustia, Paidos, Argentina, 2006
Lourau Rene, El estado y el inconsciente, Kairos, España, 1980
Mannoni, El psiquiatra, su loco y el psicoanálisis, Siglo XXI, México, 1986
Sauval Michel, El psicoanalista y la práctica hospitalaria, Seminario en Internet

viernes, 1 de abril de 2011

ENSAYOS DIPLOMADO 2010. Nos es muy grato poder compartir las ideas vertidas como conclusión al diplomado.

A PROPÓSITO DEL CENTENARIO…
¿NECESITAREMOS OTRA REVOLUCIÓN?

Con motivo del Centenario de la Revolución Mexicana, el Presidente Felipe Calderón Hinojosa exhortó a los mexicanos a defender, por encima de todo, la democracia y la libertad, conquistadas por nuestros héroes de la Independencia y la Revolución. Indicó que si a esas generaciones correspondió conquistarlas, a la nuestra corresponde ampliarlas frente a quienes las amenazan con su violencia.
“El Centenario, es un motivo para celebrar el México que somos. Un México más libre, más incluyente, fuerte y preparado para el futuro. Con el Centenario, reflexionamos sobre quiénes somos, mediante diversas actividades como el Ciclo Madero 100 años, el espectáculo “Yo México” en la capital, el espectáculo al aire libre de Marionetas Gigantes en Guadalajara, Jalisco, o la reinauguración de la Sala Principal del Palacio de Bellas
Artes (FCH).
Al develar una estatua de Madero, el presidente menciona “Como lo enseñara Madero, esforzarnos no sólo por el México posible, sino por el México deseable. Y por eso esta fecha histórica del Centenario es, a la vez, hora convocante para el cambio para México. Hora de transformación profunda que necesitamos: hora de tomar los riesgos de cambiar y los costos que implica cambiar, para asegurarse el futuro que merecemos”.
Lo anterior me lleva a cuestionarme, ¿qué es lo que merecemos los mexicanos?, si lo que tenemos en el panorama político y social es lo mismo, no hay nada nuevo bajo el sol, siguen vigentes los honores a los Héroes de la Independencia y la Revolución; las tradiciones siguen, sigue el culto a esos muertos, nuestros muertos, nos aferramos a lo pasado, pero no vemos hacia adelante, no vemos que hay mucho por hacer, por inculcar o dejar algo a las nuevas generaciones.
Mencionaré sólo algunas cuestiones que desde mi punto de vista frenan el desarrollo social, cultural y económico de nuestra población, lo cual repercute en los jóvenes y en su futuro.
Millones y millones de pesos se invirtieron en los festejos desde el pasado mes de septiembre en el zócalo del DF y diversos estados, posteriormente en octubre con la presentación deportiva en Av. Reforma, en la que cabe destacar a carcajadas que el invitado de honor fue el extranjero Michael Phelps, so pretexto de que era una ganga su contratación por 100 mil dólares; mientras que no hay apoyo para los jóvenes deportistas mexicanos, ni presupuesto para la CONADE. No hay espacios libres y seguros para ejercitarse, pero si hay campañas para informar que somos uno de los países más altos con obesidad en el mundo, nos ofrecen “Más vale PrevenIMSS o PrevenISSSTE”, pero no existe atención si no es urgente; y si hay atención no hay presupuesto para su tratamiento.
Si en menos de dos días de festejos se gastaron miles de millones de pesos, porque no invertir tantos millones en salud, seguridad o educación, la cual es indispensable para salir del hoyo en el que nos encontramos. Según el Art. 3 de nuestra Constitución cita lo siguiente:
“Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado - federación, estados, Distrito Federal y municipios- impartirá educación preescolar, primaria y secundaria. La educación preescolar, primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria.
La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, … la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia…
II. El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.
a) Será democrático, … como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo;
b) Será nacional, en cuanto -sin hostilidades ni exclusivismos- atenderá a la comprensión de nuestros problemas, al aprovechamiento de nuestros recursos, a la defensa de nuestra independencia política, al aseguramiento de nuestra independencia económica y a la continuidad y acrecentamiento de nuestra cultura, y
c) Contribuirá a la mejor convivencia humana… sustentar los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, evitando los privilegios de razas, de religión, de grupos, de sexos o de individuos; …
IV. Toda la educación que el Estado imparta será gratuita;…”
Si tomamos en cuenta esta reforma al Art. 3, referente a la educación, podríamos argumentar, debatir, exigir y revolucionar lo que se espera de nuestras instituciones; pero creo uno de los grandes problemas es que en casa existe tal ignorancia e indiferencia, que no se conocen ni los propios derechos y obligaciones; y si se conocen, aplicamos la ley del menor esfuerzo, que el otro lo haga, yo porque; pero cuando se trata de culpar sí respingamos; somos una población apática de su entorno, incluso dentro del núcleo familiar, en el que nos vemos, convivimos, pero no nos conocemos; es más importante la programación en la televisión, la cual sería positiva si los programas fueran informativos o educativos, que ayudaran a los niños y jóvenes a salir de la ignorancia a tener más herramientas para enfrentar la vida. Cuantas veces no llegan los padres al consultorio con su hijo adolescente buscando que lo ayudemos pero a los papás ni tocarlos, ellos están bien, el chamaco es el que está mal.
La gente de bajos recursos por lo menos cuenta con una TV según los censos, por lo que se enajenan en ella sin importar tanto lo que suceda fuera o se fugan en su mundo, “al fin que ya tendremos TV digital para el 2015 gracias a nuestro presidente”. ¿Cómo pretendemos que los niños y adolescentes se interesen por sus planes, por su futuro, por pararse de los asientos donde juegan Wii o Nintendo, inmersos en las redes sociales o la TV si no se predica con el ejemplo?; estamos ajenos a motivarlos a ayudarlos, convivir con ellos, fortalecerlos y enseñarles a pescar, para que dado el momento, salgan a ser productivos, pero con las herramientas necesarias; sin embargo escucho continuamente la justificación más simple: “ Si yo no lo tuve, si yo no lo aprendí, si a mí no me lo dieron, ¿cómo lo puedo dar?”; pero algo que sí es seguro es que cualquier persona con cojera puede aprender a caminar si se lo propone.
A los mexicanos no nos interesan estas cosas, son aburridas, además como dicen “mientras yo esté bien, los demás que se jodan”; ¿Cómo cambiar, si cada lunes escuchamos los eternos dimes y diretes del futbol del fin de semana, poniéndose la camiseta cada aficionado y disfrutando del triunfo de su equipo como propio y defendiendo la derrota si es que perdió; si lo que sucedió en la novela y los realities show son el tema de conversación?; sin embargo, ¿Qué tanto sabemos de lo político y social de nuestro país; que tanto nos encargamos de hacer conciencia, incluso en nuestro gremio, qué tanto promovemos la salud mental y qué tanto nos esforzamos por ser cada vez más cuerdos, más libres, más productivos, menos neuróticos y más realistas?
México atraviesa por una crisis económica, política y social desde hace algunos años, crisis que nos ha llevado a cambiar de forma de pensar y actuar frente a diversos acontecimientos. Crisis, es una serie de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución. Los cambios críticos, aunque previsibles, tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad. Pueden ocurrir a un nivel personal o social; pueden designar un cambio traumático en la vida o salud de una persona o una situación social inestable y peligrosa en lo político, económico, etc.
El adolescente experimenta a cada momento una crisis, de búsqueda de la identidad física, psicológica y de adquisición de independencia. Las ansiedades acerca del presente y del futuro, la aceptación de la finitud de la propia vida, y la pulsión sexual que requiere satisfacción, son los ejes fundamentales en los que se asienta la crisis vital adolescente; se enfrentan a ella según sus propias características subjetivas y con nuevos retos por delante: la necesidad de experimentar situaciones nuevas y diferentes, la atracción por el riesgo, la asunción de ideales distintos a los familiares, y la búsqueda de la pareja.
Dolto describe a la adolescencia como un movimiento pleno de fuerza, de promesas de vida, de expansión. Esta fuerza es muy importante, es la energía de la mencionada transformación, hace una analogía que me gusta pues menciona que son como los brotes que salen de la tierra, uno tiene necesidad de "salir". Tal vez por eso la palabra salir es tan importante. Salir es abandonar el viejo cascarón que se ha tornado un poco asfixiante.
Lo que subraya Aníbal Ponce con respecto a esta etapa es la incomprensión de su medio que lo enseña a contemplarse como un ser aparte, extraño e inadaptable; a cada reproche, castigo ó fracaso, aumenta la distancia que lo separa de los otros, mostrando irritación y rencor contra la sociedad que lo destierra de su seno.
En ocasiones se ha escuchado decir que suele tener recelo de sí mismo, no tener fe en sus fuerzas, desconfiar de sus recursos, y en ocasiones es posible que se sienta fracasado. Se preocupa por lograr elevarse sobre los demás, actuar sobre los otros, imponer a toda costa la admiración de su gloria con todos los ojos dirigiéndose a él y las bocas repitiendo su nombre. La calidad moral o estética de lo que realiza no le preocupa en lo más mínimo con tal de sentirse superior o importante, incluso llegar a rebasar las barreras de moral y afecto que en ocasiones paralizan a los adultos, pues el afán de poderío lo orilla a ser salvaje y fuerte, quiere vivir su vida sin saber a ciencia cierta en qué consiste.
El ambiente familiar de su mundo infantil ahora le parece estrecho, provocándole cambios que llegan a asombrar a los que le rodean; por un lado, siente vivir una vida cruel con rutinas, rencillas, rencores y decepciones, por otro lado, experimenta crecimiento, desea poder y anhela sueños. En lugar de continuar respetando las reglas impuestas por el adulto, ahora trata de dictar su propia moral, la cual esta sólo a su servicio, buscando sentirse soberano y no subordinado.
Diariamente vemos escenas repetitivas en las que demuestra su necesidad de los otros, pero por la incomprensión, en vez de buscar apoyo de los adultos que lo ayudaron en su infancia, se dispone a buscar otros apoyos, descubrirlos por sí mismo y transformarlos si es necesario a la medida de sus necesidades, deseos e ideales, generalmente con sus coetáneos.
Las características de cada individuo son numerosas, muchas son determinadas genéticamente y en la mayoría de los casos, el ambiente juega un papel clave para finalizar lo que la naturaleza inició. La personalidad y sus cambios a lo largo de la vida son un buen ejemplo de éste fenómeno.
Ésto me lleva a pensar en la situación actual en la cual se une la necesidad del adolescente de salir; salir de noche, salir de la pobreza, salir de la familia, salir del olvido, salir del anonimato, en ocasiones a costa de lo que sea… Pero SALIR!!!!.
Fromm en su obra El Arte de Amar menciona: "El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral -dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuerza, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar… El hombre moderno está enajenado de sí mismo… se ha transformado en un artículo que experimenta sus fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, en el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra civilización ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y además por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras”.
Situación vigente en nuestros días como individuos y como sociedad en la que estar separado significa estar aislado, estar desvalido, descobijado por un papá Gobierno que no nos provee lo necesario en el sustento del día a día, que nos deja a la deriva sin protección y que sólo nos percatamos de vez en vez, pues mientras el pueblo tenga Pan y Circo, estará entretenido. Salimos del hogar esperando que el gobierno nos cobije y atienda, adivine nuestras necesidades y las satisfaga; pareciera que nos comportamos como niños esperando la presencia del satisfactor, la atención del cuidador. Se espera del gobierno lo que se tenía en la infancia, sólo cambiamos de figura parental.
Actualmente, nuestro país se recupera poco a poco del impacto de la crisis económica de los Estados Unidos que es su principal socio comercial, pero el daño que provocó en aspectos como el empleo no se ha podido subsanar a pesar de los esfuerzos hechos por el Gobierno Federal y la Iniciativa Privada, lo que aumentó nuevamente los niveles de pobreza en la población.
Esto se relaciona con lo que menciona el Dr. Narro Robles: “son más de 7 millones de jóvenes que pertenecen a la generación NINI, la cual desde hace una década o más no se sabía cómo llamarlos”; describe que “Son apáticos… nadie los entendía pero tampoco les interesaba entender lo que pasaba y les pasaba. Total, se sentían protegidos sólo por la familia; ahora muchos de estos “Ninis” van caminando por las calles de las ciudades de todo el mundo, sin trabajo y sin cumplir con el sueño que nos vendieron hace varias décadas, esa ilusión que nos repitieron durante años de que si lograbas tener educación superior, entonces podrías conseguir trabajo seguro y bien remunerado, ascender en la clase social y económica, tener casa, auto y dinero; es decir, la vida resuelta. Pero nada de esto resultó, la promesa nunca se cumplió… la situación para los “Ninis” en países como México se agrava aún más porque además del desempleo prevalece una ausencia de política económica de carácter social y en un lustro la pirámide demográfica iniciará una transformación hasta que en unas décadas se invierta y, para entonces, habrá más jóvenes sin perspectivas de mejoramiento de empleo o educación”.
Pareciera que la situación social y económica actual de nuestro país tiene relación directa con la delincuencia en la cual, las promesas parece que sí son cumplidas, incluso las amenazantes. Cada vez es más escasa la posibilidad de insertarse en la sociedad proyectándose en el futuro un futuro impredecible y a veces imposible. Estamos bombardeados de términos como igualdad, democracia, equidad de género, justicia social, seguridad pública, tolerancia, legalidad, derechos humanos, derechos de los niños, salud pública y conservación del planeta; pero por otro lado estamos inmersos en un país en el que la legalidad es nula, la violencia intrafamiliar es el pan de cada día, el machismo aún sigue vigente, la justicia está a favor del que tiene, pisoteamos al otro, se mantiene la creencia de “el que no tranza no avanza”, la intolerancia aún reina en distintas esferas pues la discriminación está presente con respecto a raza, género y preferencia sexual; lo que no podemos ver es que cada uno de nosotros de forma directa o indirecta seguimos manteniendo este tipo de situaciones en la familia, en el trabajo y en la sociedad en general.
Hace 60 años Luis Buñuel presenta el filme “Los Olvidados”, en el que se plasma la miseria, la marginación, la crueldad, el abandono y la necesidad de pertenencia; los personajes son excelentes, basta con ver a los principales como Pedro, que le es negado el sustento y el amor por parte de su madre, la cual en la trama se deja entrever que es una mujer humillada, anulada y perseguida por su marido; Ojitos, es un niño abandonado por el padre y el Jaibo, quien es huérfano y tiene que sobrevivir en la calle. Estos niños delincuentes que no conocen a sus padres y si los conocieron, como si no, indirectamente son orillados a realizar toda una serie de actos vandálicos y punibles por un Estado que sólo actúa de una manera represora y poco instructiva. La capacidad vengativa del Jaibo, es un claro ejemplo de un comportamiento alimentado por la violencia y atrocidad que sólo conlleva al dolor y a la frustración personal.
Valdría la pena cuestionarse si ha cambiado esta situación, si nos hemos vuelto menos humanos en el estricto sentido de la evolución, si nos alienamos, si nos cegamos o si nos sentimos simplemente seguros en nuestra zona de confort, sea para bien o para mal. Estamos enojados con nuestro Gobierno, pero que hacemos para salir o para sacar esa frustración ante un gobierno que se pasa la democracia que pregonan, por el arco del triunfo y que sólo reprime con violencia sin dar oportunidades. Pero ésto no es sólo de nosotros, es herencia idiosincrática que también vamos heredando a las nuevas generaciones.
Cuántas veces hemos escuchado a alguien mencionar que en su hogar vive violencia, problema que aunque cotidiano, en ocasiones es tan sutil que no se percata de ella o tan marcada que se hace costumbre, pues muchas van acompañadas con el clásico: te lo digo porque te quiero, porque me importas. En la práctica del día a día nos enfrentamos ante casos de violencia económica, psicológica, sexual, física, emocional y simbólica, así como alcoholismo, chantaje, victimización, celos, burla, prepotencia, lo cual es caldo de cultivo que provoca su recreación en la escuela y el trabajo, dando como resultado el bullying y el mobbing.
Una persona que ejerce la violencia se estima superior en algún aspecto, ve a sus posibles víctimas inferiores o vulnerables por lo que en ocasiones decide pisotear con violencia física o les hace creer que lo puede hacer a través de la violencia psicológica. Todos en algún momento hemos jugado en uno de estos dos roles, por lo que podemos razonar por un momento la sensación de sentirnos pisoteados o de aplastar, o lo que es peor, ver como los demás son sometidos de uno u otro modo y nosotros nos quedamos de brazos cruzados. De inicio, el enfrentarnos ante actos de violencia nos paralizan, no quisiéramos alterar al violento. Pero ¿Qué sucede cuando estas situaciones nos trastocan una y otra y otra vez? ¿Qué sucede con nosotros, con nuestras emociones, con nuestra integridad, con nuestro orgullo? Lo mas (ó lo menos según lo queramos ver) es sentir miedo, tristeza, humillación, vulnerabilidad, desesperación, etc.
Sin embargo, el enfrentarnos a una situación así nos hace acumular resentimiento e ira, lo que nos lleva a revelarnos contra el victimario y librarnos de él o reprimir la ira ocasionando que la tristeza se haga mayor que al inicio, por lo que en familias con modelos violentos de convivencia existe por lo general una comunicación rígida y unidireccional, tensión ante los sermones y presión; por lo que los hijos buscan una forma de revelarse ante estos discursos de poder en el hogar, el autoritarismo o el control a través de rebeldía o la evasión, a través de adicciones, conversión, intentos de suicidio, etc.
Recordemos que no hay papás buenos o malos ni hijos buenos o malos, cada uno tendrá la percepción de su realidad. Lo que es importante es que haya consensos en la familia, apertura, confianza y evitar la constante lucha de conflictos, ya que lo único que se logra es imposibilitar el logro de la autonomía por temor a los padres ó un abandono temprano de casa y así retar las reglas de la familia.
Un dato curioso para estar “orgullosos de ser mexicanos”, el pasado 19 de noviembre se da a conocer que México ocupa el primer lugar en violencia física, abuso sexual y homicidios de menores de 14 años entre los países miembros de la OCDE. Según el informe elaborado por la Red por los Derechos de la Infancia en México, en el periodo comprendido entre 2006 y 2008 se registraron en el país 23 mil homicidios de niños y niñas de cero a 17 años. Por lo que se llamó a crear un plan nacional para atender la violencia y dejar de fomentar la impunidad, y ésto es central en tanto el maltrato infantil quede sin sanción y sin ser atendido o reconocido, mientras homicidios de adolescentes estén sin justicia y sin llevar a los responsables al sistema penitenciario se estará fomentando la impunidad.
¿A caso no es de vergüenza?, la impunidad siempre ha existido y en todos los niveles; tanto ha sido ignorada en este tema que también se destacó que en los últimos 30 años, el abuso sexual infantil se ha incrementado un 200% sobre todo en la zona sur del país.
Paradójicamente, escuchaba recién en la radio al Dr. Pedro José Peñaloza decir que los niños mexicanos ya están escalando la pirámide criminal; los que ya están en el circuito del sicariato cuentan entre nueve y doce años de edad; empiezan como informantes y una vez comprobada su lealtad, se vuelven reclutadores, distribuidores de droga hasta llegar a ser ayudantes en levantones. Pueden ascender todos estos puestos en menos de tres meses y convertirse en sicarios, siempre y cuando aguanten el peso de la pistola.
Tal vez los reclutados sean niños, niñas y jóvenes, expulsados de las instituciones, carentes de oportunidades sociales y económicas, víctimas de la desatención social, y que el motor que los empuje sea el llamado rencor social.
Como ejemplo, algunos diarios publicaron que el “Ponchis” se ha convertido en uno de los sicarios más buscados por las autoridades mexicanas, que le acusan de cometer varios asesinatos, cuenta con sólo 12 años de edad y trabaja para el cartel del Pacífico Sur; es considerado uno de los más sanguinarios, pues además de matar a sus víctimas, las tortura previamente para después degollarlas y arrojarlas a la cuneta de la carretera más cercana. Posteriormente, publica fotos en internet donde presume de sus armas, drogas, autos y la forma en que degüella a sus enemigos.
Ahora bien, tomando en cuenta la situación de seguridad pública, económica y sociocultural de nuestro país, así como los patrones familiares y sociales actuales, ¿cómo se pretende que las nuevas generaciones se hagan cargo de su propio futuro?, pareciera que no existe un modelo a seguir en la actualidad, un líder biófilo que los motive a romper paradigmas, a crear, a proponer, a realizar, a salir del seno familiar pero como un ser productivo recién nato; ¿O será que la necrofilia va ganando ventaja hacia el Síndrome de Decadencia?.
Lo económico me lleva a reflexionar que para vivir debemos tener cosas y disfrutar de ellas, pero vivimos en una sociedad en la que prevalece el dicho “cuanto tienes, tanto vales”, por lo que se está en la constante búsqueda de ser “alguien”, ésto por supuesto teniendo, teniendo dinero, teniendo aventuras, teniendo propiedades, teniendo viajes, teniendo autos, teniendo… teniendo… teniendo; Teniendo al mundo como posesión y propiedad desde el punto de vista Frommiano.
Al delinquir, asesinar, robar, secuestrar, los adolecentes de los que hice referencia anteriormente, en mi opinión, son una mezcla de maltrato, marginación, opresión y necesidad de SER, confundiéndose con el concepto de TENER.
Hemos sido bombardeados con verborreas discursivas para ser “Alguien” en la vida, pero al mismo tiempo para tener “Algo” en la vida. El tener o acumular bienes es visto actualmente como señal de avance, de nivel socioeconómico, el status social de una persona se mide cada vez más en base a las riquezas que supuestamente posee. Si los niños reclutados por el narco en nuestro país empiezan ganando entre $2,000 y $5,000, porqué no preguntarse la causa que los lleva a unirse a estos grupos organizados; lo primero que me cruza por la mente es que son lo que viven, posteriormente, me vienen ideas a la cabeza como la necesidad económica, la posibilidad de pertenecer a algo y ser reconocido, la violencia vivida en casa, el rencor social, la venganza, la manipulación o chantaje, etc; el Estado argumenta que el reclutamiento de niños y adolescentes se explica, en parte, porque los menores de 14 años tienen inmunidad constitucional para no responder penalmente por sus actos, aunque hayan asesinado, secuestrado o torturado. Luego entonces ¿Son Víctimas o Victimarios?
Lo cierto es que estos adolescentes presentan gusto por la muerte, la destrucción, el sadismo, es decir son Necrófilos o se hacen pasar como si lo fueran para sobrevivir, viven en el pasado rumiando sus sentimientos negativos, sintiendo que tienen el poder (pensamiento mágico) tal vez como compensación a la ausencia de cariño y de relaciones afectuosas durante la infancia.
Sin embargo, parece haber más motivos para mantener estas conductas; ¿Cómo no tener adolescentes necrófilos si año con año el Estado y nosotros (los borregos) rendimos honores a los Héroes de la Independencia muertos?; recordemos que sus restos fueron trasladados el pasado agosto a Palacio Nacional y Alonso Lujambio, encargado de la “Educación” en el país, reconoció que hay una “hipótesis razonable” de que se trata de los restos de Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos y 10 próceres más y aseguró que los huesos serán restaurados.
¿Cuál es el fin de seguir preservando estos restos, en qué nos beneficia?, vivimos de fantasmas, vivimos de discursos y conductas del siglo XX, nos guiamos aún con lo que ellos aportaron hace un siglo; pareciera haber más preocupación por los ancestros que por los descendientes, en lugar de promover e invertir en propuestas que incentiven a los futuros adultos a ser productivos se insiste en arraigarse al pasado, a las viejas ideas, en vivir en el mundo real, porque aunque se quiera o no, todo eso ya es pasado, está muerto, debería estar obsoleto.
El mexicano es necrófilo pues no escucha (como los políticos), no se interesa (como nuestra sociedad), considera todo lo suyo perfecto, evita tener tiempo para razonar, siente la crítica de forma hostil, trata de adaptar la realidad a él y no él a la realidad (que cambié México sin que yo cambie), es decir, está esclavizado a la ley del menor esfuerzo, esperando que se le de todo, como dicen “peladito y a la boca”.
Si lo contrario de ésto es la independencia, el amor al hombre, el amor a la vida, la ausencia de amenazas, la búsqueda de crecimiento y capacidad de mejora, si muchos de nosotros nos decimos enemigos de la necrofilia, ¿Por qué no iniciar nosotros mismos por visualizar lo que sucede en nuestra conducta, en nuestros sentimientos, en nuestras decisiones, en nuestra independencia?; Porque no tratar de hacer una red de Propuestas y no de Críticas, porque no dejar de hablar y mejor hacer.
Tenemos en nuestras manos una labor primordial, trabajar de forma personal nuestra propia salida del paraíso terrenal, sólo de esta manera nos haremos responsables y libres de nuestras decisiones y nuestros actos, las cuales deben ser encaminadas al abandono del narcicismo, de verme en el otro y de seguir la voz de la razón, de la salud y el bienestar, de la consciencia contra las voces de pasiones irracionales, pues mientras la razón esté presente se tomarán las mejores elecciones basándose en el conocimiento; conocimiento que hemos tenido desde siempre y que evitamos, preferimos vivir en el conformismo, la seguridad y la ignorancia, y mientras ésta siga presente, nosotros seguiremos cautivos de cualquiera que quiera el poder de decidir por nosotros, no podemos continuar siendo uno más, tal vez debamos empezar a heredar a las generaciones la decisión de poder elegir con conocimiento de causa y demostrar que se puede levantar la mano y sobresalir.
Cuando algo nos ata, nos impide crecer, andar, alcanzar nuestras metas, no queda más que quemar las naves, romper de tajo con toda atadura, e iniciar de cero. Sin embargo, aún hay muchos de quienes el miedo se apodera, y por más que desean dar ese salto y asumir lo que son, realizar sus sueños, alcanzar la felicidad, no se atreven.
¡¡¡Quememos las naves y salgamos del letargo que los núcleos sociales nos mantienen!!!. Rompamos con todo lo que no nos deja avanzar para alcanzar la libertad, misma que nos otorga el simple hecho de ver realizados nuestros sueños.
Si “Revolución” es un cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato, hace falta una transformación radical en la forma en cómo nos relacionamos e interactuamos con nuestros semejantes; urge una evolución a todas las cosas obsoletas que seguimos manteniendo, que nos están derribando como sociedad. Para que podamos festejar realmente y ser congruentes con el Viva México!!!!, hay que comenzar por usar de mejor forma nuestra libertad y voluntad; pero compartir y servir como ejemplo para los que vienen atrás; empecemos por dejar atrás el clásico “ mientras yo esté bien, que los demás se jodan”. Se mejora con educación, con ejemplo, con exigir derechos, con cumplir y exigir castigos, con límites definidos, con conocimiento y no viviendo en la ignorancia.
Pareciera que vivimos en un país “adolescente” en el cual la crisis de identidad no lo deja avanzar, hay tantos amos a quienes servir que se pierde, aún no sabe cómo ser independiente y festeja como si lo fuera, se muestra como lleno de vida y ambiciones, pero le coartan su libertad. Inmerso en problemas, siempre en búsqueda de soluciones, tapando un hoyo y destapando otro, confundido con la realidad y viviendo aun del pasado, rebelde, pero no revolucionario.
EL PASADO NO DETERMINA COMPLETAMENTE EL FUTURO, SIEMPRE SE PUEDE CAMBIAR!!
Tal vez sólo sea una utopía, se atacan los síntomas y no los males, tal vez se esté empezando a hacer realidad, tal vez se empiece a hacer eco. Tal vez surja ese líder que se levante en armas contra lo descrito, tal vez ya sea hora de otro movimiento, tal vez ese ímpetu, esa rebeldía, esa fuerza de los adolescentes sea canalizada de forma positiva; pero mientras no veamos en el otro a uno mismo, nos llevará la … decadencia.


Bibliografía:
 Dolto, F; citado en Valentíni, R. (2004); Etimologías; Recuperado en Octubre de 2004 de www.psicologialatina.com
 Fromm, E. (2003); El Corazón del Hombre (23ª. reimp.); México; Fondo de Cultura Económica.
 Fromm, E. (2004); El Arte de Amar. (6ª. reimp.); México; Paidos.
 Ponce, A. (1990). Ambición y Angustia de los Adolescentes. Argentina: Losada.
 Poy S., L. (2010); Restos remozados de héroes, a Palacio Nacional ; La Jornada; 14/08/2010
 Presidencia de la República (2010); recuperado en Noviembre de 2010 de informacion@presidencia.gob.mx
 Sánchez, J. (2010); México encabeza violencia contra menores en OCDE;
El Universal; 19/11/2010.
 Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos. Titulo I, Cap. 1°, Art. 3,. México. Recuperado en Noviembre de 2010 de www.diputados.gob.mx



Gerardo Domínguez García
Noviembre de 2010.

viernes, 11 de marzo de 2011

DIPLOMADO PSICOTERAPIA PSICOANALITICA CON NIÑOS Y ADOLESCENTES

Dirigido a:
Psicólogos, psiquiatras, paidopsiquiatras y todos aquellos interesados en el campo del psicoanálisis y su puesta en práctica con niños y adolescentes.
 




Requisitos de ingreso:
Haber concluido la carrera o presentar constancia de haber
cubierto el 80% de créditos.
 Entrevista previa
INFORMES E INSCRIPCIONES:
Coordinación de Enseñanza y Capacitación

Evento gratuito
Con Valor curricular
120 hrs.
inicio: 5 ABRIL 2011
Horario: martes 7:30- 10:30 am
Hospital Psiquiátrico Infantil “Dr. Juan N. Navarro”
Av. San Buenaventura 86. Col. Belisario Domínguez. C.P. 14080 Tlalpan. D.F.
55-73-48-44/48-66/49-55

CUPO LIMITADO Imparten: Mtra. Jiyu Bolaños jiyuemicko@gmail.com
Mtro. Alberto Sanen albsanen@yahoo.com.mx

viernes, 28 de enero de 2011

Presentación

Therapeutae es un espacio para dar cuenta del quehacer diario, de las inquietudes teóricas, técnicas y culturales involucradas en el despliegue de la clinica del campo de la infancia y la adolescencia, desde la mirada del psicoanalista y el psicoterapeuta.

Para logarlo deja los parámetros de las publicaciones médicas o basadas en “evidencia”, apostando por la subjetividad de colaboradores y lectores, para encontrar el material que le de vida.


Editorial

Los individuos nos encontramos siempre y desde siempre con la necesidad, demanda o deseo, de hablar y/o actuar, para un y ante otro, al cual le atribuimos diversas cualidades, entre ellas, la de poder hacer algo con nuestros sufrimientos. A estos otros se les ha designado en la historia de la humanidad bajo diferentes denominaciones: brujos, chamanes, oráculos, adivinadores, sanadores, etc. Estableciéndose dispositivos, lugares mágicos y territorios específicos para ello. Sin embargo, desde los campos “científicos” se ha buscado regular estas prácticas ancestrales y autorizar, vía el discurso universitario, a aquellos portadores y poseedores del Saber.

De ello se desprenden dos maneras de acercarse a la psicoterapia: aquella donde los elementos inmersos son inamovibles, dictados por el poder y la hegemonía del “conocimiento y otra, donde los elementos fundantes son, elementos móviles, un consultante, un “algo”, inaplicable y un oyente. Así surge un acto en el que se encuentran como mínimo dos sujetos (es así en la locura) que ocupan un determinado lugar en este juego, y que sin embargo, no saben bien del todo cual es el lugar de cada quien, pero conocen que deben saber las reglas del juego, aunque estas sean inventadas de tanto en tanto, según los jugadores.

En este punto, el oyente puede adoptar dos posiciones: alienarse en una situación imaginaria, donde uno de ellos es el calificado para poner en juego la psicoterapia, es el que Sabe que tiene que hacer el otro, para que su vida mejore, fungiendo entonces como censor u orientador. Entre tanto, en otro punto del tablero, el que consulta, enérgicamente pide que le consuelen y le marquen el camino que le exima de cualquier sufrimiento, de cualquier padecer que tenga o que este por venir. Ahora bien, colocado en otro punto, asumiendo que “no sabe”, podrá hacer que el juego sea diferente debiendo asumir la responsabilidad que emana de buscar grietas en el alma para instaurar cierto vacío para que pueda ser llenado con la pregunta nueva del y por el ser.

El sujeto que consulta es quien en realidad Sabe (aún sin querer o poder Saber), sin embargo, en muchos de los casos es el primero que queda por fuera, incluso de si, puesto que se opera eliminándolo y asignándosele el estatuto de objeto. Objeto de estudio, de pruebas, de análisis, de terapia y psicoterapia, reducido a condición de objeto es eliminado su discurso, por ello que sea necesario restituirlo.

Por ultimo ese elemento inexplicable, quizás fe, creencia, Verdad, sufrimiento, Real, etc., que pone en marcha cuestiones indecibles, pero que conciernen por completo a lo que circula. Lo que se presentifica es “eso” completamente desconocido de lo más conocido, lo que se despliega tiene que ver con los horrores de lo que habita en nuestras entrañas, en esa “extranjera tierra interior”, por lo cual se debe prestar atención a lo que aconseja Freud y advierte Nietzche, preparado para lidiar con los monstruos del alma, procurando no convertirse en uno de ellos en el proceso, pues cuando miras al abismo él también mira dentro de ti.

Psψ¿qué?
Jiyu Bolaños

Al buscar en la enciclopedia Encarta, aquellas palabras relativas al mundo “psi”, se ve una extensísima variedad de modalidades que refieren cercanía al objeto de estudio psique: “psico- significa 'alma' o 'actividad mental'. Psicoanálisis, psicotecnia; psicodinámico, (cal. adj.) Dicho de un sistema psicológico: Que trata de explicar la conducta por motivaciones o impulsos; psicopatología. (de psico y patología). Estudio de las causas y naturaleza de las enfermedades mentales; psicoterapeuta. (de psico y terapeuta). com. Med. Especialista en psicoterapia; psicoterapia. (de psico y -terapia). f. psicol. Tratamiento de las enfermedades, especialmente de las nerviosas, por medio de la sugestión o persuasión o por otros procedimientos psíquicos; psique f. Alma humana; psiquiatría. (de psico y iatría). f. Ciencia que trata de las enfermedades mentales”1.

No obstante el cúmulo de ideas, se dirigen hacia un solo punto, que bien podría ser estudiar y acercarse a aquello que esta más allá de la mera existencia fisiológica del ser humano, llámese alma, mente, psiquismo y sus derivados, y aún así, teniendo medianamente en claro el punto de partida, el camino se diversifica en una cantidad importante de estrategias para tal fin y por supuesto igual cantidad de lecturas acerca de lo que es la PSIQUE, que como apunta su definición estricta, es el alma humana, pero ¿de que hablamos cuando nos referimos a tal cosa? Enigma que sin duda ha ocupado a la gran mayoría de filósofos, pero que también ha abarcado el campo de la ciencia al inmiscuirse con la enfermedad mental, los humores decían en la edad media y más tarde Kraepelin (1856-1926) clasificó tal fenómeno bajo el nombre de enfermedad mental, otorgándole carácter de formalidad, en una época en la que la objetividad científica era de gran peso para determinar que una disciplina sobreviviera, casi como ahora.

Sin embargo, la parte enigmática de la materia prima permanece, cuando es objeto formal del terreno de lo científico, como lo hace con la medicina y la psiquiatría; así como en el terreno de las llamadas ciencias ocultas: chamanes, espiritistas y demás se ocupan también de esta parte intangible, pero patente del ser humano.

En tanto que el alma involucra la esencia de alguien o algo, cabría la pregunta ¿Cuál es la esencia del ser humano?, es decir, ¿Qué podríamos acotar como inherente al ser humano que lo hace justamente ser humano? Parece que el lenguaje, su capacidad intelectual y consecuentemente su capacidad emotiva.

El alma y sus derivados; amor, odio e indiferencia, ejes del actuar y del pensar humano. No obstante no puede ser simplificado hasta tal punto, el alma humana siempre será un “algo más” que permite la dinámica del individuo. Parece entonces que es tiempo de incluir el siguiente ingrediente, el otro participante de este juego, el lenguaje: “conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente”2. Pensar y sentir, elementos humanos que han de ser transmitidos a través de las palabras, los gestos, las acciones, y que también genera enfermedad, del orden de la bilis negra, o del hechizo, o del síntoma y el trauma.

Es aquí cuando invitamos a la técnica y la teoría. El alma se enferma tanto como el cuerpo, quedando en interrogación la dicotomía alma-cuerpo, para el último, está la ciencia médica... ¿Y para el alma?

Ésta primero fue sospechada, a tal punto que se podía llegar a creer que había quienes no la poseían, así como pensar en que esta alma cuando enfermaba, era poseída por algún demonio, el alma como presa de cuestiones religiosas; algo que ocurre entre los espiritistas, magos, brujos, etc. Pero que indudablemente se acercan a ella mediante la palabra, por cierto, mágica, con ciertas características distintivas, desde el abracadabra o el ala kadula zachicomula dibidibadidibu, hasta cuestiones muchísimo más elaboradas, pero donde la palabra aparece como guía para que la magia se conjure (basta recordar el artículo de Levì-Strauss acerca de “la eficacia simbólica”)

Si había un “algo” como esencia del ser humano y de acuerdo a la visión cientificista, entonces había que cuantificarle; del lado del intento por hacer ciencia del alma, apareció la medición psicológica. Eric Laurent en su artículo ¿Qué quieren los que nos miden? hace un interesante análisis del la aparición y el uso de estas mediciones, así como sus implicaciones, apunta: “¡Medida en todas las cosas! La expresión cambia de sentido. La ética de la medida es griega, especialmente aristotélica, y significaba la necesidad de estar en el justo medio entre dos polos extremos. De ahora en más significa que la única ética posible es medir para comparar entre los efectos esperados de una acción y los progresos efectivamente realizados. Sólo lo que se desprende de la medición valdrá para establecer la legitimidad de la investigación”3 no obstante, después de la medición algo se tendrá que hacer... o quizá a veces la medición se evita y se hace algo con el alma que sufre (¿hay medida para el sufrimiento o para la felicidad?), la psicoterapia en lo general es el espacio en el que el sujeto habla y busca respuestas. El psicoanálisis en concreto, le restituye a la psicología el habla y la escucha, le deja la palabra al ser sufriente y deposita el saber de su malestar en él mismo, porque a fin de cuentas cuando se escuche habrá respuestas.

La palabra posee entonces otra cualidad, la palabra viene del alma o habla del alma, el psicoanálisis lo asume así. Lacan en el artículo de “Función y campo de la palabra”, dice: “El psicoanálisis no tiene sino un médium: la palabra del paciente. La evidencia del hecho no excusa que se le desatienda. Ahora bien, toda palabra llama a una respuesta. Mostraremos que no hay palabra sin respuesta, incluso si no encuentra más que el silencio, con tal de que tenga un oyente, y que éste es el meollo de su función en el análisis”4

La psicoterapia, luego entonces, sea de la orientación que sea, habrá de hacer lugar para que la palabra aparezca, las mediciones dejarlas de lado, para dar cabida a un sujeto y no a un número o a una cantidad, siquiera a un diagnóstico que elimine a este sujeto y su psψque, que son uno mismo, indisolubles y se habitan mutuamente.

Bibliografía
Enciclopedia Encarta. Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
Laurent, Eric. Psicoanálisis y salud mental. Tres haches. Argentina 2000
Lacan, Jacques. Escritos 1. Siglo XXI. México 2001

Terapia psicomotriz.
Francoise Gootjes5


Terapia psicomotriz, dos palabras muy controvertidas: casi todos estamos de acuerdo en el contenido de la educación psicomotriz o de la reeducación psicomotriz, pero cuando se trata de terapia, todos opinamos diferente. La discordia aparece por ejemplo en el hecho de que algunos en América Latina tuvieron que inventar otro término, el de “clínica”.

Cuando estudié en la Salpétrière, nos enseñaron a distinguir educación, reeducación y terapia por el tipo de pacientes que se atiende: la educación se dirige al niño a nivel preescolar para prepararlo para los aprendizajes escolares. La reeducación concierne a los niños que no pudieron tener un desarrollo normal, como los niños con discapacidades de percepción, ciegos, sordos o discapacidades físicas: como secuelas de hemiplejia o síndrome cerebeloso. La terapia psicomotriz se dirige principalmente a niños con trastornos psicomotrices tal como los describió Ajuriaguerra, niños inestables, inhibidos, con torpeza etc.

Ahora, me parece que sin desechar esta aportación que tiene la virtud de la claridad, podríamos buscar otros elementos que nos permitan discernir mejor lo que llamamos Terapia Psicomotriz.

Pienso en un paciente que vamos a llamar Antonio. Llegó al servicio de psicomotricidad cuando tenia 6 años con un diagnóstico de TDAH, trastorno por déficit de la atención e hiperkinesia, con problemas de conducta y un probable síndrome cerebeloso, durante semanas presento un berrinche tras otro, gritos y agresiones indiferenciadas; casi siempre las crisis eran desatadas por el fracaso en los ejercicios, por el temblor y la falta de coordinación todos los objetos se le escapaban de las manos. Un día que llegó tranquilo, pidió ir al baño, de regreso era otro, nuevamente como un animal, no entendí hasta que la señora de la limpieza vino a regañarme: “Oiga como puede ser, este niñito suyo, como me dejó el baño”. No pregunte detalles, pero pensé que esta imagen de animal que tuve cuando él regresó, tal vez, fuese la misma que él tenia de si mismo. Entonces me pareció que frente a cualquier fracaso suyo, tenía que buscar la forma de devolverle la imagen de un niño humano. De hecho cuando uno trabaja con niños con rasgos de autismo, uno no hace otra cosa. Hoy, Antonio ya no es agresivo, de repente, va acostarse en la colchoneta, por lo general cuando tiene miedo que no le salga la actividad, como hace poco al estar botando la pelota, dijo que “va a descansar”. Lo deje hacerlo y cuando regreso, en el momento propicio le invite a botar la pelota, diciendo que, a mi no me importa como le salga, que solamente le pido intentarlo, etc.

¿Porque pienso que el trabajo con Antonio fue de terapia y no de reeducación? Primero porque tuvimos que resolver las consecuencias de un diagnóstico no hecho a tiempo, el del síndrome cerebeloso. Los niños se comparan unos a otros, las capacidades motrices, correr rápido, tener puntería, tener destrezas son pruebas de virilidad, incluso podríamos decir que participamos al devolverles una imagen fálica de su cuerpo.

El problema de conducta no se resolvió solamente porque le puse límites, claro que no había de otra, eran necesarios pero no suficientes. Límites claros, sin enojo de mi parte, y después con palabras cariñosas. Se resolvió porque le ayude a fracasar.

Escogí este caso porque vemos bien que no es solamente el ejercicio psicomotriz el que resuelve, sino el cómo lo presentamos. Aquí el ejercicio provocaba el problema, Antonio ya no hacia nada para no ser confrontado a la angustia de castración.

Hablemos del ejercicio psicomotriz. Como muchos psicomotricistas, cuando empecé a trabajar buscaba ejercicios que pudieran resolver los problemas de los niños, ejercicios para mejorar el equilibrio, ejercicios para que integraran su esquema corporal, para que pusieran atención, que regularan su tono muscular, etc. Buscaba hacer grupos con el mismo nivel psicomotriz, pero como mezclaba la población para integrar a los niños autistas y los niños con un coeficiente intelectual bajo, la formación de los grupos se volvía un rompecabezas terrible, movía a los niños de grupo lo que provocaba, a menudo, su salida; En Francia se dice que uno aprende a hacer el omelet rompiendo huevos, con el tiempo deje de mover a los niños de grupo, ya no busco ejercicios específicos y mi atención se fue orientando cada vez más sobre lo que muchos autores llaman la relación, aunque sigo presentando los mismos ejercicios.

La relación, esta palabra se desvirtuó totalmente, fue tan utilizada sin contenido preciso que es difícil retomarla hoy. Llegando a este punto no quisiera lanzarme en las teorías de la psicomotricidad y su historia; si algunos se interesan les remito a la lectura del libro de Esteban Levin “La Clínica Psicomotriz”. En la educación tradicional, la relación entre el maestro y el alumno pasa por el saber, se supone que el maestro detenta el saber y lo va a comunicar al alumno. A pesar de que ya Sócrates dijo que las cosas no funcionan exactamente así, se sigue haciendo, porque esto tiene que ver con una relación con el poder. El poder no es algo que se suelta fácilmente. En la relación terapeuta- paciente, se supone que el psicoanálisis y la supervisión del terapeuta protegen al paciente. El que da ayuda, de por si, es considerado como más poderoso que él que la pide, por eso también es tan difícil ir a buscar un psicoanalista. Se requieren varios años de psicoanálisis para poder dejar de escuchar al paciente con el yo, para poder recibir los síntomas, así como la agresividad sin sentirse aludido. El meollo del asunto, no es tener un saber sobre los síntomas sino como reaccionamos ante ellos. Cuando llega un niño súper inquieto y rebelde, cuando un niño se queda toda la sesión a un costado de la puerta sin moverse un centímetro y sin decir una palabra, si un niño de 6 años llega después de un intento de suicidio y hace todo al revés igual que como escribe, ¿Cómo vamos a recibir eso? ¿Cómo vamos a intervenir? ¿Cuál va a ser el tono de nuestra voz? ¿Cómo serán nuestras comunicaciones no verbales, cómo será nuestro tono muscular? Wallon nos dijo que son el espejo de lo que sentimos. Si nuestro trabajo es terapéutico, se supone que al irse el paciente no es el mismo que cuando llegó.

Pero si las cosas no pasan por el ejercicio psicomotor ni por el saber, ¿Cómo se dan los efectos de la terapia? Vamos a considerar varias formas de encarar esto.

En el periódico “El Universal”, del 6 de abril de este año, salió un articulo, titulado “Atacan anorexia y bulimia con sicocirurgia”. Nos informa que la operación del sistema límbico que se practica de forma común con pacientes con esquizofrenia o trastorno obsesivo compulsivo es ahora utilizada con las niñas y adolescentes que dejan de comer. Nos habla del caso de una niña de 12 años operada en el hospital 20 de Noviembre, con éxito, dicen, le salvaron la vida y la dejaron sin voluntad propia.

Otros, todavía para curar, recetan medicamentos, lo que me parece muy bien, más que nada en un primer tiempo, siempre y cuando refieran a los niños a terapia. Ahora, estas terapias las voy a diferenciar en dos tipos, las que están orientadas hacia la desaparición del síntoma sin preocuparse de lo que el síntoma expresa y sostiene, lo que provoca muy fácilmente en los niños un cambio de sintomatología. La encopresis se transforma en tic, la agresión en autoagresión o propensión a los accidentes.

Las otras terapias respetan el síntoma y sostienen al sujeto el tiempo necesario para que el síntoma desaparezca por si sólo.

Atender a un paciente y atender a un síntoma es diferente, de hecho atender a un síntoma despersonaliza al paciente


Para terminar, les voy a proponer la imagen del “terapeuta” de Magritte. Su visión la ofreció al público. Cada quien la podemos interpretar como se nos ocurra.

El terapeuta no tiene cabeza diferenciada, tiene un sombrero. Pensé en como el terapeuta para trabajar deja su “yo” de lado, sus opiniones, sus sentimientos, sus creencias quedan afuera del consultorio. El cuerpo del terapeuta es una jaula con puerta abierta de dónde los pájaros pueden salir o quedarse. El terapeuta presta su cuerpo a todas las proyecciones. El bastón es otro elemento de la pintura que me lleva a hablar de un punto que me parece esencial en cualquier terapia: el apoyo.

Aquí es el terapeuta que se apoya sobre su bastón, cualquier terapeuta pasa por allí primero: apoyarse en alguien para poder permitir que otros lo hagan con él. Todos los pacientes nos ponen a prueba de forma inconsciente para ver si aguantamos. Recuerdo el comentario de una psicoanalista, que habló de un paciente esquizofrénico que fue a visitarla varias veces, antes de empezar su tratamiento. Ella decía que él, había ido a ver que tanto estaba lista o no para sostenerlo.

Ahora quisiera diferenciar lo que es interpretar para si mismo o para un público, de interpretar un dibujo o un gesto a un paciente. Françoise Dolto en su libro “Seminario de Psicoanálisis de niños”, insiste mucho en decir que podemos interpretar los dibujos de los niños solamente a partir de lo que dicen ellos. Si interpretamos como lo hice con la pintura de Magritte, solamente a partir de la imagen, lo que decimos al niño resultan ser puras proyecciones del terapeuta y más todavía cuando se trata de un gesto o de una postura.

A manera de conclusión, se podría decir que la Terapia Psicomotriz retoma los mismos ejercicios que todos: de coordinación, de equilibrio, etc. pero la forma de presentarlos difiere, la atención no se focaliza en el síntoma sino en el paciente.


Desde la clínica
(de lo terapéutico y lo psicoterapéutico).
Marco Loyda

En sentido estricto la palabra psicoterapia es una palabra compuesta. Terapia se define como el conjunto de conocimientos y medios para el tratamiento o curación de una enfermedad. Partiendo de esta idea, anteponer alguna nomenclatura derivada de una disciplina en particular relacionada a la medicina, le confiere una diferenciación, un campo de acción delimitado y aproximación a la cientificidad, por ejemplo la fisioterapia, radioterapia, farmacoterapia, hipnoterapia, psicoterapia, etc. Esta última es la que nos atañe y puede definirse como conjunto de medios terapéuticos para la superación del conflicto psíquico o como tratamiento de las enfermedades, especialmente las nerviosas, por la sugestión o persuasión y otros medios psíquicos, o como todo método de tratamiento de los desórdenes psíquicos o corporales que utilice medios psicológicos.

Llevar a la comparación lo terapéutico con lo psicoterapéutico, de lo sencillo a lo complicado, de un extremo a otro, como es concebida por estudiosos y profanos de las disciplinas “psi” es, considero, incursionar en un tema gastado, sin embargo, es un acto muy socorrido en el que constantemente nos jugamos y caemos en ambos extremos sin percatarnos de ello en nuestra práctica diaria. Así, resultaría ocioso pensar en que se pueda trabajar con diferentes conocimientos (sencillos o complejos), ya sea que se trate de terapia, psicoterapia, asesoramiento, orientación o tratamiento. Caer en uno o en otro extremo no importa, no es grave, tal vez trabajar en el Hospital ya hace que nuestras acciones sean psicoterapéuticas por denominación y por demanda de los pacientes.

Lo anterior ha sido blanco de innumerables discusiones para delimitar y aclarar en donde inicia una u otra, cuál merece más reconocimiento frente a la ciencia, e incluso cuál requiere de estricta capacitación o cuál es mera charlatanería. No podemos negar el abuso del término psicoterapia, ni la descalificación al que ha sido sometido no solo desde el punto de vista fenomenológico, sino desde su amplio campo de acción.

Derivado de lo anterior y de la necesidad de textualizar acerca de lo psicoterapéutico desde el ejercicio clínico, me encuentro frente a un complejo calidoscopio. La discusión no es nueva, tiene varios enfoques; desde la complejidad de herramientas y métodos de la psicoterapia vs. la sencillez o simpleza de la terapia como ya se mencionó. Otra discusión socorrida es la formación de profesionales que va desde el tiempo de capacitación, la complejidad de la disciplina, de la teoría y el método; de la práctica; la titulación, reconocimiento o autorización; sin olvidar las características con las que debe contar el sujeto en formación, las cuales pueden variar de un enfoque a otro y dependen del campo de acción donde se desarrolla.

No es fácil concebir, cómo una terapia de relajación que puede no requerir de una licenciatura, maestría y doctorado, pueda dar un resultado rápido y superior a un proceso psicoanalítico para un problema de estrés crónico o problemas gástricos como úlceras, las cuales pueden curarse incluso con una terapéutica herbolaria. Por el contrario, encontramos casos donde una psicoterapia de hipnosis logra mejores resultados que una farmacoterapia; otro ejemplo son los historiales de Freud y Charcot con las parálisis posguerra y sus estudios sobre la histeria. Finalmente habrá que pensar que es la necesidad del sujeto lo que determinará la eficacia del tratamiento, en función del momento histórico en el que se encuentre.

La discusión anterior, considero, es sencilla, ya que finalmente esta determinado por el bienestar del sujeto que se somete a tratamiento dando fin a la antigua cuestión de ¿Cuál es mejor? la terapia, la psicoterapia o la unión de ambas. Lo complejo inicia en la teorización y en la necesidad de distinguirse una psicoterapia de otra, es decir las disciplinas “psi” en el ámbito de la práctica clínica o del enfrentamiento con lo patológico y la locura.; afortunadamente no todas las corrientes “psi” se encuentran inundadas por la necesidad de formar parte de la medicina basada en evidencias, en búsqueda de especialización o en busca de cientificidad (en el peor de los casos). La lucha es encarnizada, se afanan por demostrar su eficacia a corto o largo plazo, con objetivos específicos, con resultados duraderos, con técnicas poco novedosas pero con teorizaciones nuevas que llegan a poner en tela de juicio (de cuando en cuando) su propia existencia, utilidad y campo de acción, logrando divisiones teóricas y escuelas con nuevas concepciones de lo estudiado una y otra vez; tratando de aprehender lo inentendible. Un ejemplo de las dificultades al interior de una de las tantas disciplinas “psi”, es el psicoanálisis quien aún no logra aclararse a si mismo su propia discusión: primeramente si es disciplina “psi” en general y no en lo particular, si es posible concebirla como una terapia psicoanalítica o una psicoterapia analítica o si denominarla psicoanálisis implica ya por si misma una intervención psicoterapéutica o es tan sólo una forma diferente de pensar al sujeto con una técnica específica de tratamiento, de formación, de difusión y finalmente de autorización.

Otra discusión interesante, es la desarrollada con las teorías conductuales y las cognitivas, que defienden su postura respecto al génesis de los sujetos, de cómo se conducen y devienen entes sociales. Mezclan sus postulados creando nuevas formas de pensar al sujeto, mientras se defienden, tratando de erigirse como estructuras teóricas claramente definidas con campos de acción en común.

La fenomenología en todas las corrientes que estudian el comportamiento humano, parece estar destinada a dar vueltas en circulo buscando un punto que las diferencié (inicialmente) lo más posible, regresando siempre a sus postulados iniciales (origen), sin embargo, su finalidad es ser la parcialidad teórica del conocimiento sobre lo humano y su actuar. Pero de qué otra forma podría ser, cuestionarlo es por ende, una forma de hacerlo “ser” humano, ya sea que lo concibamos desde lo terapéutico o lo psicoterapéutico.


La locura del loquero.
Guillermo Borja
La locura lo cura, ed Arkam, México, 1995.

La cita siguiente corre la cortina que vela al psicoterapeuta y su supuesta “salud”, permitiéndonos vislumbrar dicha figura desde un ángulo diferente que, sin duda, nos depara varias sorpresas.

“Es importante que un terapeuta tenga en claro por que quiere serlo. Por lo general nos basamos en las motivaciones vocacionales sin pensar que a nuestra labor dedicaremos un tercio de nuestra vida y que es allí donde va a desarrollarse nuestra personalidad. También consideramos las identificaciones con el padre o algún familiar, lo cual es un acto psicológico.

Si decido ser terapeuta aunque tenga la intención de ser el portador de la salud, más bien porto ya la estafeta de la enfermedad. Solamente la enfermedad puede llevar a curar, lo demás son disculpas o intelectualizaciones. Uno solo puede ayudar cuando se reconoce enfermo. Por ejemplo, cuando Freud fue al velorio de su padre y se coloco frente al féretro se desmayó. Él, con su inmensa y genial capacidad de análisis, no podía negar su propio acto fallido. Su negativa a permanecer de pie no era atribuible a su exasperado dolor sino a sus deseos parricidas. Es obvio que se requiere de una genialidad sutil para captar esto.

Los terapeutas deben comenzar reconociendo su enfermedad. A mi lo que me llevo a ser terapeuta fue mi enfermedad. Ayudar a los demás para robarles un poquito de salud. Una actitud de vampiro, de vivir de la enfermedad de otro.

Los terapeutas se la pasan negando su persona y queriendo ser terapeutas. Para mí, terapeuta es igual a persona. Lo dice Rogers, lo más difícil es convertirse en persona y para ello hay que transformarse primero en monstruo. Ser monstruo es bajar. Anteriormente estos se consideraban problemas de moralidad o de orden espiritual, en el siglo actual se los denomina problemas del inconsciente.

Los terapeutas necesitan ser primero pacientes. Deben en el sentido ético del deber saber lo que les va a ocurrir a sus pacientes, de otra forma ninguno confiara en ellos. No habrá posibilidad de confianza por que uno no puede hacer creer a los demás lo que uno no cree. El camino de la psicoterapia profunda es haber reconocido el otro camino, llamémosle intuición, pero esto no se habla, solo se reconoce, se pone de manifiesto con una actitud que el paciente percibe, no a través del razonar sino en otros niveles energéticos…el terapeuta se la sabe…conoce el camino, es confiable y puede aventarse al vació, sin hacerles trampas a nadie.

No creo en la psicoterapia breve, para mi es como el MacDonald´s de la psicología profunda. Se dedica a curar síntomas. La enfermedad no es sus síntomas. Quien se entretiene con ellos, rebusca, neurotiza la enfermedad. Es evidente que si se atacan los síntomas el ego se fortifica y saldrá con más sutileza, casi con salud, pero más reprimido, mas sofisticado a nivel patológico.

El medidor de un tratamiento es la capacidad que ha adquirido un terapeuta en su trabajo de introspección y en su transparencia como persona. Lo que sucede regularmente es que se intenta disolver la problemática a través del intelecto, pero esto no resuelve nada, y solo logra la insensibilización de lo humano. Nos volvemos más maquinas, más ordenados, más decentes, más educados y más acordes a la norma establecida. Este enmascaramiento aumenta los niveles de riesgo, nos hace más difícil localizar después a la enfermedad porque ya no nos sirven de guía los síntomas y se corre el riesgo de que lo que vemos sea una metástasis.

Vivimos en una sociedad enferma. Basta considerar solo dos síntomas: la insatisfacción y la incapacidad de vivir en paz. Intranquilidad en lo elemental. Todos los valores predisponen a la enfermedad. El éxito se logra a través de la negación de los actos. Pero no son las cuestiones políticas las que hacen que no funcione el ser humano, pues tenemos que asumir que es el ser humano el que hace funcionar cualquier política.

Estamos en la época del derrocamiento de lo paternal, de la caída de la figura autoritaria y todo el miedo que su ausencia nos produce. Es necesaria la confianza hacia lo femenino.

No podemos hablar de la enfermedad si no hay capacidad de dudar de lo que uno más quiere, de lo que más estabilidad le da. Si no nos atrevemos a dudar: repetiremos, iremos en una cadena en la que un ciego guía a otro.

Lo que más atemoriza al ser humano es caer en una crisis, porque pone de manifiesto todo lo que esta irresuelto: la dependencia, la necesidad, la carencia… no se puede resolver nada profundo si no es a través de una crisis, pues ella misma posee los elementos de la curación. Los procesos terapéuticos deben buscar los momentos de crisis, provocarlos, no irlos suavizando. La crisis del paciente es una estrategia heroica. El ego viene de tal manera disfrazado que parece que sufre, que pide ayuda, pero lo único que intenta es fortalecerse y seguir en el trono. El ego intenta la salud pasando primero por el salón de belleza. Sin embargo, el proceso de la curación pasa por convertirse en un enfermo más enfermo.

Y es ahí donde el terapeuta intelectualiza más, para parecer menos enfermo y tener más control. Si la salud y la verdad no se manifiestan libremente no son tal. Si yo tengo que controlar mi pensamiento, mi emoción y mi acción, es que hay algo irresuelto en mí. Las presencia y la transparencia no amenazan a nadie, no atentan contra nadie, al ego si, porque teme perder el control, como si creyera que la esencia humana es mala. La esencia del ser humano es buena, el ser humano es bueno, ¿por qué controlar lo bueno?

La diferencia entre terapeuta y paciente es que el primero reconoce su enfermedad, seguirá estando enfermo y no se opondrá a este continuo caminar, mientras el segundo se niega, se quiere quitar la enfermedad y su fantasía es realizar el tratamiento para no ser más un enfermo. La lucha del terapeuta es enseñarle que las cosas suceden y que tener actitud ante la vida es trascender el sufrimiento, trascender la enfermedad, que esto no se va a acabar hasta el día de morir. En lugar de resolver se trata de fortificar la actitud ante la vida; hay cosas que no podemos cambiar, pero podemos cambiar la actitud hacia ellas. Esto es aceptación y solo con la aceptación se acabaran los porqués.

Ahí es donde esta el camino del terapeuta. Su verdadero trabajo no es alcanzar una meta sino estar en el camino, no importa donde se este sino como se esta, el como es lo que se le enseña al paciente.

Quiero señalar el gran desconocimiento que los terapeutas se tienen como personas. Es ahí en ese olvidado campo de desarrollo donde se formara su visión de la salud y su comprensión de la enfermedad. Todos los descubrimientos de Freud se debieron a que el se reconoció enfermo y su merito no fue otro que el reconocerse, el auto-observarse.

Los terapeutas actuales no tienen la valentía de dudar de si mismos y de perder el control; dos estados que como mínimo deben vivenciarse, pues son centros del conocimiento profundo que todo ser humano posee. Presiento que los terapeutas huelen que hacer una psicoterapia profunda pondrá en evidencia ante sí y sus pacientes, su problemática irresuelta. Ante tal amenaza optan por mantenerse a las orillas de la enfermedad, único territorio conocido por ellos, por el miedo a naufragar y quedar etiquetados con sus mismas etiquetas. Que el portador de la salud sea el más enfermo: duro golpe para el narcisismo. No es nada sano necesitar de los necesitados y peor aún no reconocerlo.

Reconozcamos como terapeutas que la salud no se puede alcanzar solo en un proceso terapéutico. La psicoterapia profunda enseña al paciente un nuevo estilo de vida. La búsqueda de si no tiene como meta una pretendida salud, sino transformar el propio camino en meta. No podemos conformarnos con ser funcionales, con ser simples personas educadas, menos podemos aceptar parámetros que solo nos han brindado insatisfacción y angustia. Las aguas más calmadas suelen ser las más podridas.

La salud es un estilo de vida, no cinco años en psicoterapia. El verdadero terapeuta invita, con su actitud, al paciente a renacer.

La mayoría de los terapeutas fantasean con que sus pacientes no problematicen mas la salud. No se atreven pensar en movilizar las transferencias negativas y sexuales de sus pacientes, pues esto repercutiría en sus pantanos inconscientes.

A ninguna enfermo se le permite que se enferme y que ese sea un estado deseado por él. No es valido que la salud dependa de la satisfacción de los otros y menos aún de la del terapeuta.”



Re-flexión de dos que-haceres.
Alberto Sanen

La palabra reflexión cobra más de un significado y marca más de un sentido cuando es engarzada a otras para producir un discurso. Por ejemplo nos acerca al terreno de los reflejos, de aquellas devoluciones de objeto que nos brinda ya sea, un espejo o aquello captado la mirada y/o la escucha, de ese reflejo de nuestra imagen se pueden extraer consecuencias que rebasan por mucho lo que se esperaría. A la par esa imagen detona asociaciones, produce discursos, instaura en el sujeto una reflexión en el sentido de la cavilación al respecto de determinado punto. Sin embargo para que ambas se logren es necesario flexionar las cosas que la realidad nos muestra para hacer que nos hablen o mejor dicho para devolverles la voz. Por ejemplo dos quehaceres, dos posiciones a primera vista tan iguales como la del psicólogo y el psicoterapeuta, al ser manejadas con lo antes enunciado, dejan ver las piedras de toque y las grietas que les componen.

Avancemos un poco, cabe establecer otra distancia aún cuando esta no sea la que abordemos hoy, aquella que a algunos les lleva a pensar que el psicólogo, el psiquiatra y el psicoanalista son iguales a ser psicoterapeuta, los títulos, no preparan a asumir el lugar, solo el recorrido lo hace, y esto solo en ocasiones, por tanto nos vemos desde el inicio llevados a renunciar a ello de manera inequívoca. Sin embargo los discursos de amo que se sostienen y promueven desde los espacios universitarios o de formación académica han pretendido legitimar que al finalizar una carrera y obtener cierto titulo o grado, autoriza a quien lo ostenta, a emprender un viaje psicoterapéutico con alguien más, sin que medie la reflexión de que debiese de haberse emprendido el camino por uno mismo y no precisamente por requerimiento escolar

Ahora bien, en medida que no podemos ser espejo de nosotros mismos, debemos buscar en otras disciplinas, ese punto de mira que pueda develarnos a unos y otros. La pintura, con eterno juego de engaños, revelaciones y verdades, puede ser para nosotros el espejo ansiado, con la captación de la mirada del artista, se logra establecer una cierta re-flexión de los seres y por tanto penetra en las entrañas de los mismos. Esto último lo encontramos en las fotografías del alma que realiza Magritte

Las distancias entre los personajes de la certidumbre positivista y aquellos sujetos que trabajan con y para el equivoco y la negatividad como forma de resistencia, es plasmado en los lienzos de Rene Magritte, quien sin duda supo captura las dimensiones de la realidad que van mucho mas allá de lo que torpemente describimos con sensaciones y percepciones.

En “el Terapeuta”, confluyen lo simbólico, lo imaginario y algo no enunciable, Real. Tan solo un elemento, una jaula abierta donde puede entrar y salir un ave, dispara nuestras asociaciones, motiva a la construcción del discurso y por tanto la aparición del inconsciente, nos muestra las entrañas de la representación del terapeuta, más se sabe que la imagen de la cosa no es la cosa misma, en todo caso intuye Magritte que la cosa es inmostrable.

Por otra lado, en el lienzo designado “el Psicólogo”, nos encontramos con la representación de una “persona”, alguien “definido”, alguien de carne que se muestra semidesnudo. Magritte da cuenta del psicólogo como un ser eminentemente corporal, sosteniendo una postura que, puede hacer pensar en el mito de narciso, un alguien que pareciera exclamar su admiración por si mismo. Cuadro cargado sin duda de devastadoras intenciones sarcásticas.

Es tiempo de agregar desde el discurso elementos a estos reflejos; El psicoterapeuta (con marcadas raíces analíticas) reconoce la falta, el no saber que le habita y los sostiene como brújula para el tratamiento. En tanto, el psicólogo (algunos) tiende a velarlo y por tanto a fortalecer lo imaginario de su saber, dejándose atrapar por “las apariencias y transparencias de conciencia y conducta” En este equivoco, sin reflexión de por medio encontramos a los que unos privilegian la dimensión de la conciencia y el fortalecimiento del Yo: cognocitivistas, conductistas e incluso los llamados analistas del Yo y del self como Kohut o Harttman, son aquellos que la única manera de hacer frente a las interrogantes que la realidad les plantea recurren a las estadísticas y sistemas de evaluación, aunque bien conocemos que, medir la inteligencia no es medir el ser inteligente, y que lo que se realiza es “política del cociente intelectual”, Por ello, hacer patrones artificiales, líneas base, constantes numéricas, buscando sistematizar, estandarizar el tratamiento, dejando en el olvido tanto la individualidad como la subjetividad y la relación que ambas guardan con el Deseo.

Así, en tanto que el psicólogo (insistamos alguno) se desgasta en una función normalizadora, adaptativa, en la cual sin quererlo (y pareciera sin saberlo) se ponen a las ordenes del Estado, en cuanto a reprimir y sublimar el deseo de los sujetos, e incluso en ocasiones, se ven llevados, de manera por demás grave, a hacer que los sujetos asuman la condición de objetos de producción, todo ello bajo el afán cientificista, el deseo de reconocimiento, ese narcisismo que muestra el reflejo de Magritte.

A la contra el psicoterapeuta “seria muy necio si creyera poder decirle lo que es su tos (a algún paciente) por haber analizado antes a otra histérica… seria suponer que el sujeto en su singularidad puede ser igual a cualquier otro” Cuestión esta que disloca los parámetros esperados para las intervenciones de la “salud mental” en cuanto a la resolución rápida de la dimensión problemática de alguien y que pone distancia en referencia al la practica psiquiatrica misma.

En este punto quedando claros en cuanto lo que muestra el reflejo, hasta que miente, caemos en cuenta que estos dos quehaceres, son en realidad dos que-haceres, que guardan relación con el saber hacer y el para que saberlo, ya que a fin de cuentas son seres distintos y por tanto deben, y lo hacen, asumir la posición que les corresponde sin negar el pasado del que parten.

El psicoterapeuta dice, o debiese decir, no a la puesta en marcha de la industrialización de la mente, en tanto que deviene como señala Foulcault de un “oscuro y enigmático grupo en la periferia entre la cultura Helenística y Hebraica, llamado los Therapeutae…una comunidad austera, consagrada a la lectura, a la meditación conciliadora, a la oración individual y colectiva…Estas practicas procedían de la principal tarea, el cuidado de si mismo” Por tanto pretendería (si así lo pretende el sujeto con quien trabaja) sin hacer de “la interpretación una hermenéutica, un conocimiento en modo alguno iluminador o transformador”, que el sujeto reconozca el Deseo, estableciendo nuevas maneras de relación con lo que le habita, que lograse efectivamente “cuidar de si mismo” y, por tanto, que intente, y quizás logre, alcanzar por fuera de las convenciones designadas y determinadas por ciencias, saberes o instituciones, una real subversión del sujeto.

Bibliografía.
Alain Miller, El saber Delirante, ed. Paidós, Argentina, 2005.
Braunstein Néstor, Psicología, Ideología y Ciencia, ed. Siglo XXI, México, 1981.
Foulcault Michel, Microfísica del poder, ed La Piqueta, España, 1979
Foulcault Michel, Las tecnologías del yo, ed Paidos, España, 1990
Lacan Jacques, Intervenciones y Textos, ed manantial, argentina, 1988.
Kamin León, Ciencia y Política del Cociente Intelectual, Siglo XXI, México, 1974.
Meuris Jacques, Magritte, ed Taschen, España, 1998

¿Por qué un caso no avanza?
Articulo publicado en el Psicoboletin del Servicio de Psicología, Hospital Psiquiátrico Infantil, vol. 2, núm. 5
Teresa Posadas
Psicoanalista

El tema que desarrollare tiene gran importancia en cuanto a la “dirección de la cura”. El punto que anotaré en este sentido es: no basta que el terapeuta haga interpretaciones acertadas al paciente, ya que en muchos de los casos no serán aceptados por él. ¿Por qué? Porque no las reconoce como suyas y se niega a aceptarlas, debido a que el trabajo terapéutico esta aún muy alejado de lo inconsciente del paciente. Así, aunque estas interpretaciones sean correctas, no causan ningún impacto en él.

Esa interpretaciones deberían ser producto de un mayor trabajo de acercamiento al saber del inconsciente, en donde el paciente se reconocerá y en algunos casos lo corroborara con un recuerdo) asumiéndolas como suyas y así puede estar en la posición de aceptarlas (lo cual sin duda hará que haya cambios en la sintomatología del paciente). No hay que olvidar que este proceso tiene como base la transferencia.

En este proceso de lograr hacer suyas las interpretaciones y, sobre todo, que estas influyan en el desarrollo de la terapia, puede haber un momento en el que el tratamiento “no avance”, que se detenga, que se estanque y en el peor de los casos termine abruptamente o que, por otro lado, el paciente se instale en el mismo discurso, estando en una posición placentera, es decir, muy cómoda, y que el terapeuta quede atrapado aquí.

Es en este contexto de la duración de la cura que podemos ubicar el planteamiento que hace Ferenczi sobre la “Técnica activa” y que el mismo Freud también había utilizado algunas veces. En un caso que cita en “Psicopatología de la vida cotidiana” dice: “prohíbo a un paciente llamar por teléfono a la amante con quien él mismo quería romper, pues cada platica le enciende una nueva lucha por desacostumbrase a esa mujer. Le impongo comunicarle su ultima decisión por escrito…” En otro caso, el “Hombre de los lobos” comenta: “El paciente se atrincheró durante largo tiempo en una postura inabordable de dócil apatía…escuchaba, comprendía pero no permitía aproximación alguna”. Cuando Freud logra moverlo a participar “emergieron las primeras liberaciones, él suspendió al punto el trabajo a fin de prevenir ulteriores alteraciones y mantenerse cómodo en la situación establecida…” ¿Qué hacía Freud? “Me vi precisado a esperar hasta que la ligazón con mi persona deviniera lo bastante intensa…”, lo cual le permitió establecer de antemano “que el tratamiento debería terminar en cierto plazo, independientemente de cuan lejos se hubiera llegado […] el paciente creyó en mi propósito y bajo esta presión […] cedió su resistencia y el análisis brindó en un lapso breve el material que posibilitó la cancelación de sus síntomas”

¿Pero cómo aplicar la técnica activa? Para responder esta pregunta describiré un caso que Ferenczi presenta: se trata de una joven músico que sufría una gran cantidad de fobias y de temores obsesivos y rehusaba las presentaciones, no quería actuar ante los demás. Creía ser observada siempre por su voluminoso pecho y temía tener mal aliento. En el transcurso de su análisis (tanto con su analista anterior a Ferenczi) ella decía saber sobre sus complejos inconscientes, Ferenczi dice que, en efecto, “su evolución no correspondía en absoluto a la profundidad de su comprensión teórica y al material mnésico descubierto hasta entonces”.

A pesar de que ella sabía y tenía conocimiento de cuáles eran sus complejos, que habían sido ubicados en su análisis, no la llevaban a una mejoría en sus síntomas. De alguna manera el análisis no avanzaba, había llegado a un límite, a una especie de dique formado por la elaboración y comprensión de aquello que le impedía desplegar su actividad artística.

Decía saber sobre sus complejos inconscientes. Ferenczi dice que, en efecto, “su evolución no correspondía en absoluto a la profundidad de su comprensión teórica y al material mnésico descubierto hasta entonces”.A pesar de que ella sabía y tenía conocimiento de cuáles eran sus complejos, que habían sido ubicados en su análisis, no la llevaban a una mejoría en sus síntomas. De alguna manera el análisis no avanzaba, había llegado a un límite, a una especie de dique formado por la elaboración y comprensión de aquello que le impedía desplegar su actividad artística.¿Cómo hacer que esta paciente supere sus complejos? En una sesión Ferenczi se da cuenta de que hay algo que la angustiaba, y de lo cual le resultó muy difícil hablar; se trataba de una canción que una hermana – que la tiranizaba de mil maneras – cantaba. Así, Ferenczi leda la orden de que la cante, hasta que ella lo logra hacer con las mismas mímicas que la hermana hacía, de lo cual queda tan complacida, que es lo único logra hacer en las subsiguientes sesiones. Entonces es necesario ponerle un límite, “una prohibición” a esa actitud, una “intervención activa” que va a permitir, a través de la libre asociación, dar cuenta de un nuevo material que no había podido hacerse presente, como lo fue el nacimiento de un hermanito “que ejerció sobres u desarrollo psíquico un efecto verdaderamente funesto ...”, que nos deja ver toda la problemática de la sexualidad infantil que se juega, y que al tener la posibilidad de construir y reconstruir esos recuerdos o fantasías, podía ahora ubicarse en esa construcción y aceptarla como suya, reconociéndose ahí, justamente en donde no lo había podido hacer. Ahora la paciente ya no se ubica más en el nivel de la comprensión de sus complejos; sino que ahora puede reconocerse en esa construcción de su realidad psíquica, ubicando de manera consciente el origen de sus complejos, lo cual le permitirá tener otra posición con respecto a ellos – en general –, dejando de ser obstáculos para poder desplegar su profesión musical.

Contraindicaciones de la técnica activa. Ferenczi deja muy claro que de ninguna manera se trata de modificarla regla fundamental de la asociación libre; al contrario, existen algunos casos excepcionales en donde ésta parece no fluir, y es cuando podemos hacer uso de esta técnica que debemos ver como “un empleo excepcional de este artificio que no es más que un auxiliar...”¿Cómo emplearla? Deberán existir condiciones indispensables, como una sólida transferencia, que permita dar una orden o una prohibición, porque, de lo contrario, en lugar de beneficiar la continuidad del análisis este puede interrumpirse abruptamente. Por ello, se deberá tener mucho cuidado en cómo y cuándo se hacen estas intervenciones, teniendo como premisa general que si son hechas en los inicios del tratamiento, cuando aún la transferencia no está bien establecida, lo más seguro es que no tenga los resultados esperados.

Por último, es fundamental no deducir de esta herramienta que nos brinda la técnica activa que el terapeuta pueda decirle al paciente qué debe hacer y qué no debe hacer. Por el contrario, esta técnica debe ubicarse como una posibilidad dentro de la dirección de la cura de relanzar el tratamiento cuando está estancado, sin avance, sin movimiento; de llevarlo por otros caminos que puedan dar cuenta de lo inconsciente.

Bibliografía
Ferenczi Sandor, Psicoanálisis, ed Espasa-Calpe, España, 1981.
Freud Sigmund, Psicopatología de la vida cotidiana, ed. Amorrortu, Argentina, 1998
Freud Sigmund, De la historia de una neurosis infantil: el hombre de los lobos, ed. Amorrortu, Argentina, 1998

¿Qué se juega en el juego del niño?
Articulo publicado en el Psicoboletin del Servicio de Psicología, Hospital Psiquiátrico Infantil, vol. 2, núm. 3
Martha Cantú
Psicóloga y psicoanalista


Érase una vez un consultorio donde intempestivamente irrumpió una personita de escasos tres años con un paso apresurado, carnet en la mano (con su pago por supuesto) y preguntando al mismo tiempo en que azotaba la puerta:

“Ya me vas a pasar, o espero como siempre?
… ¿Cómo siempre?
Claro, es así como a mi papá… lo espero siempre”

(Dicho esto con un gesto donde dejó ver una verdadera larga espera de tres años… había “traído” a su padre al consultorio)

La espera en la sala resignifico la espera del padre, quien había abandonado a la madre y a él dos años y medio atrás, con la promesa de regresar. Sus síntomas, en el cuerpo que espera, fueron los que hablaron de lo oculto, génesis de los destinos pulsionales. “Pulsiones que presionan abriéndose camino en los fantasmas, recuerdos, sueños, síntomas… en juegos” (Dinerstein, 1985).

Partiendo de la pregunta ¿Qué se juega en el juego de un niño? Y enmarcándola dentro de un contexto teórico que es el psicoanálisis… realmente se juega algo serio dentro de ese juego.

El juego del chico se despliega en el amplio o reducido espacio del consultorio, donde utiliza desde la casita de muñecas perfectamente estructurada, hasta unas simples chinches, haciéndolas tener vida como unos chinitos con un gran sombrero, pueden convertir la plastilina en mil personajes fuera del mundo adulto o simplemente ser piedras en el camino por donde pasara su mano demoledora; los lápices, plumones y crayolas esbozan y colorean su historia en cada hoja de papel… claro que también son bastante atractivas las paredes, el piso y hasta sus manos y por supuesto las del otro.

Todas estas pequeñas escenas que el chico representa frente a nuestra mirada y escucha en el consultorio, son por supuesto, partes de una gran historia que esta tras bambalinas. Son escenas dirigidas por un dialogo oculto, un dialogo en otra escena. El chico es el actor principal del cuento o de la novela familiar, y la familia ha sido movida por los síntomas del chico, encaminándolos, en el mejor de los casos, hacia un consultorio. Todo lo que tenería que permanecer secreto y escondido es actualizado en el cuerpo del niño (Gauthron, 1991)

Al utilizar la palabra “encaminándolos”, me refiero a un hecho ineludible, y es que el niño nunca llega solo al análisis y que su situación de dependencia real implica que necesariamente su demanda, si la hay, esta precedida o vehiculizada por la demanda de uno o varios adultos. Trae consigo un mundo entero, él y sus síntomas son reveladores de toda la novela, que por alguna razón, esta haciendo corto circuito en la subjetividad de los padres. Es ese niño que introdujo algo nuevo desde recién nacido, desplazando la constelación familiar y modificando el lugar de cada uno.

La madre, el padre o quien tenga que contar, que decir, al llegar con nosotros despliegan su “decir” sobre el niño. A través de las entrevistas preliminares lo van configurando dándole un contorno y fronteras. Las palabras de los padres son las pinceladas previas a la llegada del nuevo miembro de la familia, descripción del esbozo que giraba en torno a él, el legado que tendría que cumplir y en general toda la fantasía relacionada con ese nacimiento. De esta manera, las líneas quedaran claras, desde la silla de los padres, del papel que le fue designado al chico a priori, herramienta que nos ayudara a matizar la realidad que se esta jugando en el niño.

Así nuestro papel –el del terapeuta- es, que utilizando los conceptos como herramientas para pensar, echar un vistazo mas allá de los costados del chico, dejando de lado el supuesto de que éste es sólo lo que empieza y termina en las fronteras de su cuerpo… para entender a un niño tenemos que retroceder a donde él no está aún.

Nuestra escucha debe de estar puesta en esta vuelta hacia atrás que esta siendo descrita por los padres, ya que como asevera Aída Dinerstein (1985), es imprescindible, antes de aceptar al chico en análisis, determinar: si efectivamente lo que los padres solicitan es un psicoanálisis, de quien y para quien es la demanda y como tercer punto, en caso de ser afirmativo el primer cuestionamiento y descartar que no es una solicitud encubierta de ayuda para uno de los padres, entonces delimitar si el pedido corresponde a un deseo del niño de analizarse.

Sin embargo, no debe bastarnos con llenar el libro de la novela con la escritura de los padres sobre el niño, puesto que el trae su propia pluma… o crayola… muy útil para escribir o decir sobre él, elabora su propio discurso sobre aquello que ocurre en el afuera y en el adentro, campo que escapa y rebasa los limites concientes de los padres, él trae su propia demanda hablada en los síntomas. Simplemente se trata de indagar la historia del mismo niño, pero desde dos posiciones diferentes.

Al llegar el niño al consultorio, nos enfrentamos en cada sesión a un cuerpo en la violencia, buscando reconstruir una historia, una historia que nos despliega momento a momento en su juego. El no se detiene para empezar a curiosear el nuevo espacio, por muy mínima que sea esta, siempre tiene algún cuestionamiento, hasta el por qué de la mancha en la pared, asociándola tal vez con un rico betún de chocolate. Durante toda su larga vida la ha hecho de observador meticuloso y perito, claro, que esta ocasión no será la excepción: tal vez no sepa a ciencia cierta a que viene, pero esta completamente seguro que podrá utilizar todo el material y juguetes a su alrededor él solo, por lo menos durante cuarenta minutos.

El juego que el niño despliega en el consultorio se escucha, no se trata de comprender… ¿el juego se escucha?... claro, es un lenguaje, tomado como una forma en que nos despliega la subjetividad sobre la búsqueda de una respuesta a la pregunta sobre el ser. “el niño juguetea con las palabras, como una forma de juego y de lenguaje” Freud S, El chiste y su relación con el inconsciente)

Su juego se verá atravesado por el otro, que se encargará de devolverle un sentido a su actuar, dando vuelta al sin sentido en un despliegue de algo nuevo.

El chico llega revistiendo todo su actuar y decir con su inevitable pensamiento mágico, despliegue de un sin numero de escenografías. No faltan las brujas mata niños, los monstruos sin cabeza, los dinosaurios amigables encargados de acabar con los adultos, el rata-ta-ta de las ametralladoras y todo esto matizado con una conversación llena de fantasías y metáforas ocurrentes… todos unos poetas.

Desde ese momento, y antes por supuesto, nuestra escucha y mirada, prenden los motores y nos hacemos presentes frente al chico, frente a lo perdido, con la palabra y la mirada… la transferencia se hace presente desde ahí, aunque ya tuvo que haberse formado desde antes. Al respecto Lacan acierta con una frase”…la transferencia positiva es cuando quien esta en juego, el analista en este caso, lo miran con buenos ojos-y es negativa cuando le tienen ojeriza-“(Lacan, 1977). Nuestra demanda hacia el niño, será que juegue, respondiendo a su demanda de ser escuchado e interpretado.

El papel del analista fre4nte a la transferencia es no llevarse por el juego de efectos, no es transferencia de efectos, aunque se dan, lo importante es que se vehiculize aquello que realmente se pone en juego: algo del orden del ser.

Con un chico enfrente, es inevitable recordar que la comunicación hacía él es masiva, se da por todos los medios. La mirada y la escucha es un hecho de primera importancia en el análisis con niños, todo es cara a cara y nos invita a participar en su puesta en escena hasta con nuestro propio cuerpo.

La subjetividad del adulto se deja ver en su discurso, el discurso del niño es el juego. Este discurso tal como lo entiende el análisis, es el medio por y en el cual el niño se realiza. Él también tiene un que decir sobre el mismo, desea saber sobre lo que ignora, puesto en sintomatología. Mediante el jugar, se encuentra imágenes y herramientas que lo conectan con esa realidad.

Caso 1
Un niño de once años, traído por la madre con una historia de mal comportamiento y calificado como potencialmente peligroso. De fondo trae, ser un niño poco mirado y escuchado, pero bastante observado. Su conducta ha traído como consecuencia poco sostén de la familia hacia él.

Era lunes, a las cinco p.m., llega al consultorio y busca en que entretenerse, lo que llama su atención son las tachuelas que sostienen dibujos del consultorio. El se da a la tarea de retirar todas las tachuelas, no para jugar, sino para llevárselas a su casa. Llevarse algo que lo detenga… o díganme ustedes ¿para que se utilizan las tachuelas?

Ahí, el menor puso una escena donde se jugó la necesidad de soportarlo, en los dos sentidos de la palabra.

Caso 2
Un niño de siete años, traído por su madre por tener síntomas de asma y agresividad hacia la hermana que le sigue. Su síntoma asmático lo utiliza como recurso para ser querido por los padres, verbalizado esto textualmente por él: “parece que necesito estar a punto de morirme para que me hagan caso”

La madre cae en depresión hace dos semanas manejando ideas suicidas. Situación que el chico resiente, produciendo en una sesión un juego donde los muñecos hechos de plastilina se podían derretir, desvanecer y no durar para siempre.

En esta puesta en escena, el menor se jugo su enfrentamiento con lo finito de él mismo y de su madre.

El análisis no busca hacer niños buenos y excelentemente bien portados… mala noticia, a lo mejor para muchos. Aunque parezca pesado, busca que el chico se haga cargo de él y de su falta, y que con eso sea capaz de hacer algo.

Cuantos niños hay que para ellos el ganar un juego lo es todo, pero que se juega en ese ganar… ganar no es simplemente sacarse más dinero en el turista o no ser comido por el lobo, también implica ganar un lugar en su teatro familiar, en su mundo.

Entonces… ¿Qué se juega en el juego del niño?...Él.

Bibliografía.
Dinerstein Aída, ¿Qué se juega en psicoanálisis de niños?, tesis de maestría en psicología clínica, UNAM, México, 1985.
Freud Sigmund, La interpretación de los sueños, Obras completas, Biblioteca Nueva, España, 1981.
Gauthron Martín, El niño y el psicoanalista, Litoral, num., 13, México, 1991.
Lacan Jacques, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidos, Argentina, 1964

El Lourdes de Arizona.
Amantea Carlos
Periodista


“El Lourdes de Arizona”, texto relativo al encuentro de psicoterapeutas realizado en Arizona en 1985, bajo la consigna de “La evolución de la psicoterapia”. Con un estilo crítico y mordaz, da cuenta de las conferencias llevadas a cabo en dicho encuentro, mostrando de manera literal las opiniones vertidas en dichas sesiones, por personajes tales como: Rogers, Minuchin, Laing, Bettelheim, entre otros. Un texto, que, como señala el Dr. Jeffrey Zeig. “puede ser peligroso para los prejuicios reprimidos de la psicoterapia y sus prominentes practicantes / teóricos”.

“Murria Bowen con su sabiduría, dice que los terapeutas han existido durante siglos, quizás por tanto tiempo como las personas han estado hablando con algo más que gruñidos y gritos guturales. En algún lugar, cinco mil años atrás, en caldea, en las riberas del Eufrates, tiene que haber existido un oidor bueno, sin prejuicios, tolerante, comprensivo. En la India, en la época del nacimiento de los Maestros, había otra clase de Maestro, ¿no es así? –el primer Maestro de los Maestros que no decía “No” o “lo que estas pensando es incorrecto” o “has pecado”, sino más bien alentaba con una frase comprensiva: “quizás sea mejor no juzgar a los demás, o incluso a ti mismo”, podría haber dicho él. “Los sueños”, diría “constituyen algo a lo cual es difícil renunciar, ¿no es verdad? Aún más difícil, quizás, que renunciar a la ira…”

Nuestro vidente del pasado, que vive en un lugar sencillo, con paredes enjabergadas, dos sillas, una botella de vino, una mesa –tal vez incluso un pájaro dorado que gira le cabeza, vigile lo que sucede con los ojos fijos y brillantes. “por supuesto” dice el sabio “Por supuesto que duele. Da vueltas, vueltas y más vueltas. Nunca se esta seguro de lo que se ha perdido”, dice él, “ese puede ser el dolor de ello”
Puedo visualizarlos a ambos ahora, verlos sentados a la orilla de la polvorienta plaza o en la obscuridad al costado de la catedral; junto al gran muro medieval, cerca del arroyo. Un hombre escucha pacientemente el relato de sufrimientos que nosotros los humanos, parecemos capaces de infligir en nosotros mismos y en los demás. El tranquilo oidor asiente con la cabeza, facilitando el hablar, suavizando la herida –el golpe del dolor, el parto de la agonía. El es la comadrona de una libertad –dándonos la oportunidad de escapar de lo que solían llamar “The agenbite of inwit” (la envejecida mordida del conocimiento interior).

Et semen emmisum volat irrevocabile verbum. Una vez que las palabras vuelan en el vació, no necesitan regresar. Las palabras hacen salir al buharro, el buharro que ha estado picoteando tan ferozmente el alma durante tanto tiempo. La herida que creemos que nunca podrá cicatrizar está, a pesar de nosotros mismos, mejorando lentamente. Nunca desaparece del todo –pero si disminuye. Es como una gran joya tallada. Hay otros ángulos desde donde podemos observarla sin que se nos haga tan insoportable. Las palabras pasan, el dolor se desvanece un poco; el alma llega a sentirse más liviana, surgida de la obscuridad.

Bowen tiene razón. Nos hemos estado disuadiendo de lo peor de la agonía durante una eternidad, contando nuestros secretos al que comprende, se preocupa, no juzga. Los sentimientos que hemos alimentado no son fútiles y, ciertamente, no están cerrados -pero se pueden trascender. El ceder mismo puede causar angustia. Es parte del conocimiento de que nos estamos rindiendo- pero también es el conocimiento de que nos estamos rindiendo ante nosotros mismos. Ese conocimiento es mágico. Claro que es doloroso, pero al mismo tiempo, mágico.

Un oidor que no juzga, que esta allí para ayudarnos a salir de la media noche de lo sentimientos, entregarnos la libertad, con nuestras propias palabras. Eso es magia. Tal vez tan especial como la magia que dicen que surgió de las apariciones y visiones de Lourdes”.

El Lourdes de Arizona, ed Cuatro Vientos, Chile, 1990